22 de Febrero del 2015 | Ernesto mendoza


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Recordamos que es de la fe de donde fluye todos estos atributos. Debemos añadir a nuestra fe no para ser salvos sino para demostrar una fe verdadera. Pedro nos describe los elementos que debemos añadir a nuestra fe. Todo esto es posible por todo lo que Dios hizo por nosotros.

I. Afecto fraternal

La palabra traducida es Filadelfia. Cómo la antigua ciudad de Filadelfia, que según la historia fue fundada por dos hermanos que se amaban. Viene de dos palabras griegas: fileo (amor) y adelfo (hermano), o sea, amor de hermanos. Esa palabra se usaba para describir la relación y el afecto entre hermanos físicos.

Sin embargo en la Biblia vemos aplicada la Filadelfia para los hermanos de la fe. ¿Cómo se puede tener un afecto fraternal con aquellos que no son hermanos físicos? La palabra fileo (amor) viene de la raíz griega fílos (amigo). Habla de personas con las que existía un lazo especial, y por esta razón se desarrollaba un afecto con estas personas.

Hoy en día hay muchos lazos o razones que unen a las personas (el trabajo, la escuela, la iglesia, etc.). Sin embargo la filadelfia no sólo era un afecto sino que implicaba también un compromiso con aquellas personas con las que se compartía el afecto fraternal. (Mat 11:19; Luc 11:5-8; Luc 15:6; Jua 15:15; Hch 27:3)

A veces lo que nos une son lazos superficiales. ¿Cuál es el verdadero lazo que nos unen como hermanos en la fe? Ro 12:4-5 El lazo más fuerte en nuestra vida cristiana es el lazo de nuestra unión con Cristo. Hay una relación especial y debe haber una relación de afecto hacia aquellos que son la familia de la fe. «Amaos los unos a los otros con amor fraternal; en cuanto a honra, prefiriéndoos los unos a los otros». (Rom 12:10)

Preguntes si realmente está tratando a los hermanos igual que a un amigo íntimo o un hermano. Pudiera parecer difícil pero es posible si usted está añadiendo su fe y está creciendo en la gracia de Dios sí se puede. Por tanto nuestras amistades más íntimas no deben estar en el mundo.

II. Amor

Quizás para ti es fácil pensar en amar a tus hermanos en la fe y crees que esto sólo se aplica a los creyentes en la iglesia, pero ¿Qué con aquellas personas inconversas como nuestros vecinos o compañeros de trabajo? Pedro añade la última característica de la lista y es «Amor». La palabra amor viene de griego «agape». Esta palabra nos habla del amor incondicional de Dios por su pueblo. Un amor que no se basaba en la atracción física o en el amor de hermanos sino en una decisión de la voluntad. El buscar el bien de otra persona sin importar el costo personal y sin importar la respuesta de la otra persona. Un ejemplo de esto fue el caso del profeta Óseas a quien Dios mandó casarse con una mujer que le sería infiel:

«La compré entonces para mí por quince siclos de plata y un homer y medio de cebada. Y le dije: Tú serás mía durante muchos días; no fornicarás, ni tomarás otro varón; lo mismo haré yo contigo». (Ose 3:2-3)

Todo esto era para ilustrarnos a nosotros el amor que Dios tiene hacia su pueblo. Jer 31:3 «…Con amor eterno te he amado; por tanto, te prolongué mi misericordia». Esto se manifestó más claramente cuando nosotros siendo aún pecadores, Cristo murio por nosotros. Y ahora nosotros debemos añadir a nuestra fe, amor.


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