Clamando al juez misericordioso

¿Por qué quisimos hablar de los salmos estos últimos meses? Más de una tercera parte de la Biblia está redactada en un lenguaje poético. Los salmos es poesía, pero también además de esto en otras narraciones encontramos poesía. Las poesías abarcan más de una tercera parte de toda la Biblia.

Sabemos que Dios es sabio y él se comunica de forma perfecta. Pensé en tocar diferentes salmos estas semanas por varias razones. Uno es por la riqueza doctrinal, también por la profundidad y el clamor que los autores expresan en ellos. En muchos círculos cristianos contemporáneos no se ve muy bien que los creyentes expresan en público varias de sus dudas, su desesperación, su dolor; Pero los salmistas por el contrario no dudan en externar una variedad de emociones, un ejemplo es el Salmo 84.

El Salmo 130 es conocido como uno de los salmos penitenciales, probablemente el mayor de ellos. Son expresiones de hombres en momentos de angustia, de dolor, de remordimiento y arrepentimiento por faltas personales ¿Alguna vez usted se ha sentido así: Agobiado, frustrado, desanimado, entristecido por sus propias faltas? ¿Alguna vez ha estado usted en esa situación?

El salmista, de lo profundo de su clamor, de lo profundo de su aflicción, ahí está clamando. Y aunque sabe que es un momento de mucha dificultad, hay verdades que encierran y que levantan su esperanza (v. 2).

Los salmos, además de cánticos, de poesía, también son oraciones. Cuando oramos en privado, usted habla con toda la expresión de su ser, es un momento intimo que podemos tener con el Señor. Nuestras oraciones públicas guardan cierto formato, cierto protocolo, pero cuando estamos en privado es un buen momento para que usted externe todo su ser.

El salmista expresa dos nombres parar dar a entender el señorío de Jehová; Le llama Adonai y le llama Jehová. Porque Dios es un juez y misericordioso nosotros debemos exponer nuestras faltas con sinceridad y arrepentimiento ¿cómo podemos clamar a un juez que es misericordioso?

I. Clamar en profunda confesión (v. 3)

La confesión es definida por algunos como el estar de acuerdo en cómo Dios ve las cosas. Nuestra justicia no es como la justicia de Dios. Las cosas como nosotros las vemos no es igual como Dios las ve (v. 3). Sólo al estar expuestos a su Palabra y pasar tiempo de comunión con Dios, comenzaremos a ver las cosas como Él las ve y Él las entiende; comprenderíamos por qué hay acciones que no son correctas delante de Dios.
Esto nos debe animar a no ser tan meticulosos esperando perfección de otros, debemos aprender a no sentirnos ofendidos con tanta facilidad cuando otros cometen ciertos errores. Si Dios pusiera todas las faltas al descubierto, ninguno de nosotros podría sostenerse ante Su justicia y Su verdad.

La confesión es cuando nos hemos dado cuenta de que nuestra vida no es lo que debe ser, pero podría ser diferente por la gracia de Dios. La confesión verdadera lleva consigo el deseo de abandonar los pecados pasados y la restitución por los daños causados como consecuencia de ellos.

II. Clamar en profunda confianza (v. 6-7)

El autor expresa su confianza en la naturaleza perdonadora de Dios. El perdón de Dios deber ser un aliciente para temerlo y amarlo. Es una bendición recibir el perdón y ayudar a otros a recibirlo.

La obra en la cruz se convierte en nuestra canción victoriosa, porque mediante ella Dios condenó al pecado y al infierno; mediante la cruz hemos encontrado perdón para nuestros pecados donde Dios quiso castigar al Hijo por nuestras faltas. Por medio de ella hemos recibido la fuente de perdón, la fuente de gracia, una nueva vida para estar en conexión con Él.

III. Clamar en profunda convicción (v. 5-6)

Como consecuencia de la oración y el reconocimiento anterior, el salmista expresa ahora una confianza en Jehová y en su Palabra, es decir, en su promesa de perdón y el socorro en los tiempos de dificultad (v. 5). ¡Qué bendición es saber que tenemos un Dios en quien podemos confiar! Un Dios que es Bueno Justo y Amoroso.

Esto pone en perspectiva nuestro corazón y podemos clamar a Él con libertad. Él sigue siendo Dios. Las personas deben saber que si nos hemos mantenido, si no hemos desmayado, es que ha sido solamente por su socorro. Todo debe ser dirigido hacia el Señor quien merece toda la gloria (v. 6).

Una de las mejores maneras de hacer esto, es cuando hablamos de lo que Dios ha hecho en nuestra vida. Jesucristo fue el perfecto reflejo del Padre, cuando un creyente vive a la luz de la comunión, está testificando también al Padre.

5 consejos

1. Necesitamos ser sinceros respecto a nuestra verdadera condición humana. Revisar nuestras vidas para saber quiénes somos y dónde estamos.
2. Necesitamos pasar suficiente tiempo meditando en la Palabra y en la oración para que nuestro verdadero yo sea revelado.
3. Que en nuestras debilidades nos escondamos de la tentación, clamando por ayuda de lo alto. De esta manera el señor nos permita pasar la prueba.
4. Que Cuando hemos caído no nos acomodemos a esa condición, sino que vayamos al Señor. Él espera nuestro arrepentimiento inmediato y nuestro desprecio por el pecado.
5. Que siempre confiemos en la justicia y misericordia armoniosas de Dios.

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