El conflicto del pecado

La enseñanza de hoy corresponde al capítulo 10 de Jueces, pero este capítulo así como la primera parte del 11 son apenas la introducción a la vida del Jefté como el siguiente juez en la lista de este libro. Esto le corresponderá al Pastor Iván enseñar la próxima semana.

El capítulo 10 comienza hablando de dos jueces a los que únicamente se les otorgan 5 versículos entre ambos. V. 1 Todavia vemos este patrón en la espiral en declive de la vida espiritual de la nación de Israel: Pecado-Opresión-Clamor-Liberación. Tola se había levantado como libertador de Israel y juzgo a Israel 23 años. Sin embargo parece que después de su ministerio, la nación de Israel gozó de cierta paz, ya que el siguiente juez no se menciona que haya actuado como libertador sino únicamente como juez (v. 3). De hecho se menciona su prosperidad en base a los hijos que tuvo y las ciudades que poseyó (v. 4).

Existe un problema cuando nos sentimos seguros. Cuando las cosas parecen ir bien, las finanzas son seguras, nuestras relaciones son firmes, tenemos estabilidad emocional, posición y seguridad, comenzamos a confiar y sentirnos satisfechos en nosotros más que en Dios. Es por eso que el apóstol Pablo dijo: «El que piensa estar firme, mire que no caiga» (1 Cor 10:12). Lo que pasa es que si no tenemos cuidado, la seguridad trae consigo relajamiento espiritual, y esto sutilmente nos apata de Dios.

No es de sorprender cómo comienza el versículo 6: «Pero los hijos de Israel volvieron a hacer lo malo ante los ojos de Jehová». Relajarnos espiritualmente nos aleja del Señor sutilmente, y al estar lejos de Dios, no se extrañe que toda clase de pecado pudiera surgir su vida (v. 6).

Y cuando el pecado llegue a su vida, siempre habrá conflicto. El pecado nos va a afectar de diferentes maneras; Emocionalmente, a traves del desánimo, tristeza o depresión; También nos afecta físicamente por medio de la ansiedad, ataques de nerviso, problemas de gastritis, colitis, y todas las demas «itis»; El pecado afectará a nuestra familia, nuestras relaciones con el conyuge y también con lo hijos, las relaciones con los hermanos en la iglesia o los compañeros de trabajo; Pero principalmente el pecado crea un conflicto con Dios (v. 7).

Y vemos en este pasaje tres áreas de conflicto que el pecado causó para los hijos de Israel y que aún sigue causando en nuestras vidas cuando nos alejamos del Señor y permitimos que el pecado gane terreno en nosotros.

1. El conflicto con Amón: Las consecuencias del pecado (7-9).

Esta situación habia venido como conecuencia de su pecado. ¿Cuál fue el pecado del pueblo? (v. 6) Sirvieron a los dioses ajenos. La palabra «Servir» la vemos al final del versículo se refiere al servicio ceremonial de adoración, expiación y consagración que se realizaba en el templo de Dios. Entonces lo que hizo el pueblo fue, dejar de adorar a Dios por medio de las prácticas ceremoniales y fueron a participar de las ceremonias de los templos paganos. ¿Sabe por qué al pueblo de Israel le costó tanto dejar la idolatría? Porque muchas de sus ceremonias estaban llenas de prácticas sexuales, orgías y toda clase de depravaciones. Nuestro mundo esta lleno de eso también. Las cosas no han cambiado mucho.

¿Sabe por qué nos cuesta tanto trabajo dejar el mundo y las prácticas del mundo? Porque amamos más el pecado y lo que el mundo ofrece. Tenemos la idea fuera de la vida de la iglesia está la buena vida. Copiamos hábitos del mundo, nos reímos de las cosas que el mundo hace en la televisión y redes sociales, nos vestimos como el mundo, escuchamos la música que el mundo oye, y cuando miramos las cosas espirituales nos parecen tan vacías y aburridas porque estamos tan llenos del mundo.

Israel tenía un problema de idolatria y nosotros tenemos el mismo problema. Juan Calvino dijo que el corazón del hombre es una fábrica de ídolos. Hoy en día cambiamos a Dios por un millón de cosas. Muchas personas adoran el dinero, por eso trabajan y se afanan por conseguirlo tanto, aún cuando eso les impide congregarse. Muchas personas adoran el entretenimiento, salir con los amigos, ver películas o las series de Netflix, siempre están buscando algo divertido qué hacer porque ese es su ídolo, y cuando vienen a la iglesia a cantar y a escuchar una predicación ¡Ufff! ¡Eso parece taaaaan abirrido! Otros adoran el sexo, el descanso, la comida e incluso al esposo o los hijos.

Y el pecado siempre trae consecuencias. Versículo 8 nos describe la sitaución desesperante que esta invasión estaba causando. Los amonitas comenzaron atacando a las dos tribus y media que habían quedado del lado Este del jordan cuando fueron repartidos los territorios de la tierra prometida. Pero no se quedaron solamente allí (v. 9). ¿Hata donde crees que se iban a detener? Hasta que no hubiera nada. El versículo dice que fueron afligidos en gran manera.

Anteriormente hemos descrito cómo el pecado es degradante. Él va a buscar ganar territorio e intentar conquistar y destruir cada parte de tu vida. ¿Hasta dónde crees que el pecado se va a detener? ¿Con una probadita de placer? ¿Sólo con una copa más? ¿una mirada más? ¿o cuando cumplas tu fantasía? El pecado quiere destruirte. Pablo dijo: » ¿No sabéis que si os sometéis a alguien como esclavos para obedecerle, sois esclavos de aquel a quien obedecéis, sea del pecado para muerte, o sea de la obediencia para justicia?» (Ro 6:16). El pecado siempre traerá consecuencias. La Biblia nos dice que el pueblo de Israel fue quebrantado y afligido en gran manera. Y cuántas veces hoy en dia vemos vidas destruidas por algun vicio o hábito pecaminoso, matrimonios con problemas e incluso separados, hijos que se alejan de Dios y no quieren saber nada de él, personas sumergidas en la depravación e inmoralidad sexual.

Pero las consecuencais del pecado no sólo las podemos ver a corto plazo sino también a largo plazo. Pensemos un poco, ¿de dónde vinieron los amonitas? Son el resultado de una relación de incesto entra las hijas de Lot con su padre. Ellas aún traian las costumbres de Sodoma y Gomorra. Genesis 19 nos dice que las hijas de lot embriagaron a su padre y se acostaron con él: «Y las dos hijas de Lot concibieron de su padre. Y dio a luz la mayor un hijo, y llamó su nombre Moab, el cual es padre de los moabitas hasta hoy. La menor también dio a luz un hijo, y llamó su nombre Ben-ammi, el cual es padre de los amonitas hasta hoy» (Gén 19:36-38). Entonces la nación de Israel sigue cosechando las consecuencias del pecado de incesto que sucedió miles de años antes. Y podríamos decir lo mismo de Adán, pues hoy en dia se siguen viviendo las consecuencias de la desobediencia de un hombre.

El pecado al final tiene consecuencias eternas. Puede llevar a una persona a la condenación eterna bajo la ira santa de Dios.

2. El conflicto con Dios: La necesidad del arrepentimiento (10-16).

El versículo 7 nos enseña que la ira es la respuesta natural del carácter de Dios contra el pecado. Dios no puede aceptar ni permitir el pecado porque lo odia. El pecado es una ofensa al carácter santo de Dios. Son tan opuestos como el norte lo es al sur, el blanco al negro o el frio al calor.

Por eso Pablo dice: «Pero por tu dureza y por tu corazón no arrepentido, atesoras para ti mismo ira para el día de la ira y de la revelación del justo juicio de Dios» (Rom 2:5). Esa es la respuesta de Dios al pecado porque el pecado crea un conficto en contra del carácter de Dios. Y mire lo que dice Apocalipsis 14:10-11: «él también beberá del vino de la ira de Dios, que ha sido vaciado puro en el cáliz de su ira; y será atormentado con fuego y azufre delante de los santos ángeles y del Cordero; y el humo de su tormento sube por los siglos de los siglos. Y no tienen reposo de día ni de noche…» (Apo 14:10-11). El infierno es tan terrible porque Dios está ahí, derramando su ira santa por la eternidad contra aquellos que no se arrepienten.

Esto es lo que le espera a usted si no se ha arrepentido de sus pecados y no confia en Cristo como su único Salvador. Pero gloria a Dios por el evangelio, las buenas noticias de que un día Dios envió a su hijo quien vivió la vida perfecta que nosotros no podemos vivir y sufrió la ira de Dios por sus pecados y por mis pecados. En la cruz él bebió la copa de la ira de Dios hasta la última gota, y sus últimas palabras fueron «Consumado es». Y murió. Pero al tercer día se levantó triunfante, ascendió al cielo y se sento en su trono de gloria. Y Pablo dice en Hechos 17: «Ahora manda a todos los hombres en todo lugar, que se arrepientan; Por cuanto ha establecido un día en el cual juzgará al mundo con justicia, por aquel varón a quien designó, dando fe a todos con haberle levantado de los muertos».

V. 10 Aún hasta este versículo todo parece normal en el patron de conducta de los Israelitas: Pecado-Opresión-Clamor-Liberación. Nuevamente hacen lo que siempre han hecho, buscar a Dios deseando obtener su propio bienestar. Y es triste que esta es la actitud que muchas personas hoy en dia, pues unicamente acuden a Dios cuando tienen problemas. Y Dios puede restaurar y ayudarnos, sin embargo el problema se da cuando la persona ha recibido lo que buscaba, entonces nuevamente deja de lado a Dios. El Señor se convierte entonces en el medio por el cuál ellos pueden obtener un beneficio. Esta era la actitud del pueblo de Israel. No estaban interesados en lo que Dios es sino en lo que Dios da.

Pero Dios busca un verdadero arrepentimiento. Él iba a motivar al pueblo a través de palabras fuertes (v. 11-14). Dios les recuerda la gracia que han recibido (v. 11-13). Sin embargo Dios aborrece la obstinación, esa persistencia deliverada en pecar (v. 13-14). El Señor deseaba mostrarles la futilidad e incapacidad que tenían los dioses falsos ante una situación tan apremiante, donde sus vidas y sus almas estaban en peligro.

Y por más increíble que parezca, ante esta confrontación el pueblo de Israel respondió adecuadamente: 1) Confesaron su pecado (v. 15); 2) Aceptaron las cosnecuencias de su pecado; 3) Se volvieron a Dios. Hicieron los ajustes necesarios en su vida (v. 16). El final de este versículo nos recuerda que hay esperanza cuando una persona se arrepiente verdaderamente de sus pecados. La palabra aflicción aquí se puede traducir también como «miseria». Literalmente el versiculo dice que Dios no pudo soportar más la miseria de Israel. Ellos merecían ser desauciados por Dios, pero Él les ofreció misericordia cuando ellos se arrepintieron.

3. El conflicto con Jefté: La búsqueda de un Salvador (10:17-11:8).

V. 17 Nos muestra la actitud de los israelitas de enfrentar las consecuencias de su pecado dependiendo de la misericordia de Dios. Recordamos que ellos habian dicho «Haga Jehová con nosotros como bien le parezca». Sin embargo ellos estaba buscando a alguien que le dirijera a la guerra, esto es un salvador. Si alguien se animaba a hacerlo iba a ser nombrado gobernador de Galaad (v. 18). Y surgió un nombre, un galaadita valeroso, esforzado y con experiencia quien podía ayudarlos. Pero habia un problema. Y el capítulo 11:1-3 es un paréntesis que nos presenta el conflicto en la búsqueda de un libertador.

En la búsqueda de su libertador, los galaaditas se encontraron con una paradoja, pues el único que podía ayudarles era aquel que habían rechazado. Ellos necesitaban nuevamente restaurar su relación con él al ofrecerle ser su caudillo o gobernador. Y esto nos presenta una imagen de Cristo el Salvador.

– Y cuando vemos a Cristo encontramos lo que dijo el profeta: «Despreciado y desechado entre los hombres, varón de dolores, experimentado en quebranto; y como que escondimos de él el rostro, fue menospreciado, y no lo estimamos» (Is 53:3)

– «Para vosotros, pues, los que creéis, él es precioso; pero para los que no creen, la piedra que los edificadores desecharon, ha venido a ser la cabeza del ángulo» (1Pe 2:7).

– «El que en él cree, no es condenado; pero el que no cree, ya ha sido condenado, porque no ha creído en el nombre del unigénito Hijo de Dios. Y esta es la condenación: que la luz vino al mundo, y los hombres amaron más las tinieblas que la luz, porque sus obras eran malas» (Jua 3:18-19).

El problema es que hemos rechazado al único que puede librarnos. El pecado crea un conflicto en nuestro búsqueda del Salvador pues no nos permite ver la luz del evangelio de la gloria de Cristo. Por tanto le rechazamos constantemente, pensamos que Cristo es aburrido, que su Palabra es aburrida, que la vida cristiana es aburrida, y corremos tras otros idolos. Al igual que los galaaditas con Jefté, debemos restaurar nuestra comunión con Jesús y permitirle a él ser nuestro caudillo, nuestro Señor y Salvador.

El pecado te llevara lejos de Cristo pero el Señor desea que restaures nuevamente tu vida espiritual en una correcta relación con Cristo.

¿Cómo estamos nosotros?

Recuerda que el pecado tiene consecuencias. No podemos jugar con él. Quizá como el pueblo de Israel hemos adoptado un idolo, aquello que ha tomado el lugar de Dios, y todo nuestro gozo viene de eso. Rercuerda que el Señor desea arrepentimiento y que busquemos a Cristo como nuestro único Señor y Salvador. Pero si no te arrepientes, solo estás guardando más ira para ira de la ira y la revelación del justo juicio de Dios.

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