Cualidades de una madre piadosa

10 de Mayo del 2015 | Ernesto Mendoza


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La perspectiva sobre ser madre cambia con el tiempo y la cultura. Por ejemplo hace algunos años era normal ver mamás con muchos hijos. Algunos dicen que era porque no tenían televisión, pero no tiene nada que ver eso. O En Estados Unidos hoy en día, se tienen familias grandes e hijos numerosos.

La realidad es que nuestra sociedad ha tomado una decisión sobre el lugar que ocupan los hijos en la lista de cosas importantes. Tener hijos está muy por debajo de una carrera universitaria. Muy por debajo de viajar y ser libre. Por debajo de salir de paseo los días de descanso. Del trabajo. Nuestra sociedad dice que tener hijos es la última cosa que debes hacer. De hecho se ve a los hijos como un estorbo. Y nosotros vivimos en esa presión cultural. Una visión egoísta del mundo.

Gen 30:1-13 Es verdad que hay un instito natural y un deseo de cada mujer de ser madre. El deseo de Raquel había ido más allá de lo biológico a un deseo egoísta. Tristemente raquel murió en su deseo egoísta, murió teniendo hijos (Gen 35:16-19).

En los primeros versículos de 1 Samuel, Ana se presenta como una mujer estéril. Pero Dios le permitió concebir y ella se convirtió en la madre de uno de los más grandes hombres que ha pisado la tierra. Al ir viendo la historia encontraremos las cualidades de una madre piadosa.

I. Dedicada a su marido

Contrariamente a la opinión popular, la relación más importante de una madre piadosa no es con sus hijos, sino con su marido. Lo que usted comunica a sus hijos a través de su relación matrimonial se quedará con ellos por el resto de sus vidas. En su matrimonio usted estará aprendiendo algunos aspectos de la vida piadosa (el amor, el sacrificio, la integridad, la virtud, el pecado, la compasión, la comprensión y el perdón). Los hijos están viendo y ellos aprenderan esas cualidades de ustedes, el matrimonio de sus padres.

Esta relación era muy clara entre Elcana y Ana. Ellos se dedicaban a servir a Dios fielmente (v. 3), pero también se amaban entre ellos (v. 4-5). Sin embargo había un problema en su matrimonio, Ana era estéril y no podía tener hijos. Imagínese lo difícil que era para Ana. Sin embargo esta situación sacaba las expresiones de amor más tiernas de Elcana hacia su esposa.

Y un día en el que Ana se sentía muy triste y desesperada, Elcana intentaba consolarla (1:8). Eso no parece ser un gran consuelo, pero él fue a recordarle la satisfacción que disfrutaban en su matrimonio. Observe el efecto que tuvo las palabras de Elcana sobre su esposa (1: 9). Y ella fue al templo a buscar al Señor (1: 9-11).

Ese es el tipo de matrimonio a la que una madre piadosa se dedica. Un matrimonio dedicado a amar a Dios, dedicado a amarse el uno al otro. Ese es el terreno donde se desarrolla el carácter de una madre piadosa.

II. Dedicada a Su Dios

Ana luchó a través del dolor y la adversidad. Ella era estéril, tuvo que compartir su marido con otra mujer, tuvo que soportar el dolor de la crueldad de esa mujer (1: 6-7). Y aunque Ana se sintió desesperada (1: 8), recibió el estímulo de su marido, volvió al Señor, y derramó su corazón a Él con humilde devoción (1: 9-18).

Al igual que muchas mujeres de hoy, Ana luchó con el dolor de la infertilidad. Quería disfrutar de la bendición de Dios de ser madre. En su tristeza, Ana no se quejó a su marido, ella sabía que no había nada que él pudiera hacer. Y no se defía cuando Penina la atormentaba. En cambio, Ana confió en Dios mediante la oración.

Esa es una característica increíble de una mujer piadosa. Ella entendió que Dios era la fuente de toda bendición, incluso la de ser madre. Ella sabía que sólo Dios podría cambiar su esterilidad en fertilidad. Su virtud distintiva era su fe constante. El versículo 12 nos dice que oraba largamente. Sus oraciones fueron constantes. Se quedó allí orando con el corazón roto, derramando oraciones llenas de lágrimas. Ana sabía dónde ir con sus problemas.

Ana tenía propósitos muy diferentes a los de muchas personas hoy en día que desean ser mamás. Ella no estaba buscando un bebé para sentirse realizada como mamá. Hoy en día hay parejas sin hijos que gastan millones en tratamientos de infertilidad. Se preocupan y se preocupan, y su preocupación los lleva al pecado de ansiedad.

Pero no era así con Ana. Ella estaba dispuesta desde el principio a entregarle su hijo a Dios, de por vida (v. 11). No se trataba de ella. No se trataba de conseguir lo que quería. Se trataba de un auto-sacrificio, dedicarse a esa pequeña vida que Dios le permitiera para regresárselo nuevamente al Señor.

Después de llegar a ese lugar en su corazón, después de derramar su corazón delante del Señor en oración, ella experimentó la paz que sólo Dios puede dar (v. 18). Nada en su circunstancia había cambiado, sin embargo su corazón se había renovado en su dedicación a Dios.

III. Dedicada a su casa

(v. 19-20) De acuerdo con su perfecta voluntad, Dios le dio a Ana un hijo al que llamaron Samuel. Ana nombró a su hijo recordando la bondad de Dios, y se dedicó a sus responsabilidades maternales. Ella estaba totalmente comprometido a su casa. Llegó el momento de uno de los viajes anuales a Silo, y Elcana vino a Ana para prepararla para el viaje. (1 Sam 1:21-22)

Cuando Dios le dio al niño, Ana se dedicó a criarlo. Ella se dedicó a esa tarea durante varios años, sabiendo que su tiempo con él iba a ser corto. Eso es tan diferente hoy en día. Las mujeres tienen bebés, y unos meses después encierran al bebé en algúna guardería para poder tener tiempo de salir o tiempo de trabajar.

Pero Ana no fue así. Ella estaba totalmente comprometido a permanecer en casa hasta que ese pequeño fuera entrenado. Ella tenía un trabajo importante que hacer. Ana comprendió lo vital que son esos primeros años, cuando se forma el 90% de la personalidad y el carácter del niño. Ella lo preparó en esos años de formación para una vida de servicio a Dios.

¿Para qué estás preparando a tus hijos?

Ana entendió que no se trataba de cumplir con sus necesidades más profundas a través de su hijo. Se trataba de cumplir su juramento a Dios. Se trataba de ser fiel a su vocación de ser una madre piadosa.


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