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Dependiendo del poder de Dios

Hay un peligro inherente en la iglesia del siglo XXI, es el peligro de enfriarse. Con el paso del tiempo la tendencia es a confiar más en nuestro poder que en el poder de Dios. Leonard Ravenhill dice que la iglesia de ahora es una iglesia que organiza en vez de una iglesia que agoniza. Vemos el poder de Dios desde pentecostes, donde con su primer sermón Pedro fue usado en la conversión de 3000 personas. O los grandes avivamientos en la historia de la Iglesia donde miles, ciudades enteras eran convertidas, con Witfield, Jonathan Edwards o Carlos Spurgeon, y pensamos que esos eran otros tiempos. Eso fue algo que pasó y queda en la historia como un registro de lo que la iglesia un día fue. Pero pensamos, «estos son otros tiempo». Hablamos de avivamiento, y pensamos que eso es idealimos del siglo XVII y XVIII. Lo vemos como algo alejado, que sólo aparece en las películas cristianas idealistas.

El nombre de Jesús tenía el poder para transformar millares de personas y naciones enteras, pero déjeme decirle que, dos mil años después, el poder del nombre de Jesús sigue siendo el mismo. Entonces el problema no esta en el poder de Dios, el problema no es que Dios es menos poderoso. Dios sigue siendo el mismo. El problema no es Dios, somos nosotros.

El problema es que hemos dejado de lado el poder de Dios. Lo he visto en mi propia vida pero también es el patrón de nuestra vida en comunidad. «Nos hemos hecho parte de un sistema que ha creado una amplia gama de medios y métodos, planes y estrategias para construir la iglesia que requieren de poco o nada del poder de Dios» (David Platt). Como iglesia muchas veces confiamos más en los planes, programas, personas habilidosas que hacen el trabajo, o la estabilidad financiera de la iglesia.

¿Está usted confiando en el poder de Dios? Seguros todos dirán «Sí», pero déjeme hacerle una pregunta ¿Cuánto tiempo pasó en oración esta mañana antes de venir al culto? ¿Cuánto tiempo pasamos en la semana sobre nuestras rodillas? Este es el problema en nuestros días, ¿Por qué vemos cada vez menos el obrar del poder de Dios? por la tendencia de nuestro corazón a confiar cada vez más en nuestras fuerzas que en el poder de Dios.

Y Pablo aquí en Corintios, nos recuerda la trascendencia que el poder de Dios debe tener en nuestras vidas: «Porque el reino de Dios no consiste en palabras, sino en poder». (1Co 4:20) El reino de Dios se refiere al gobierno de Cristo, en y a través de la vida de los creyentes. El verdadero valor de la vida cristiana no es una cuestion de forma sino de escencia. No tiene que ver con cómo vestimos, cuánto servimos, lo que hacemos, las habilidades que tenemos y cuánto damos en la iglesia. No tiene que ver con nada externo. No son sólo palabras, no se trata de elocuencia, de habilidades oratorias o personalidad. Es sobre el poder de Dios obrando en mi vida. La vida cristiana es una constante dependencia al poder de Dios.

Fue el caso de Jonathan Edwards, cuando predicó su sermón el más conocido que llevaba por título «Pecadores en las manos de un Dios airado».

1. Deseo por la palabra de Dios (Neh 8)

2. Búsqueda de la santidad (Heb 12:14)

«Y el mismo Dios de paz os santifique por completo; y todo vuestro ser, espíritu, alma y cuerpo, sea guardado irreprensible para la venida de nuestro Señor Jesucristo».
(1Ts 5:23)

«Porque la gracia de Dios se ha manifestado para salvación a todos los hombres, enseñándonos que, renunciando a la impiedad y a los deseos mundanos, vivamos en este siglo sobria, justa y piadosamente»
(Tit 2:11-12)

3. Temor de Dios (Hch 2:40-47)

4. Gloria a Dios

Marcha alrededor de la ciudad una vez con todo los hombres armados. Hazlo durante seis día. Que siete sacerdotes lleven trompetas de cuernos de carnero al frente del arca. El séptimo día, marcha alrededor de la ciudad siete veces, mientras los sacerdotes tocan las trompeta. Cuando los oigan tocar un sonido estruendoso, dile a todo el pueblo que grite con fuerza y entonces, la pared de la ciudad caerá y ustedes entrarán sin esfuerzo alguno.

«Esa es la manera en que obra Dios. Pone a sus hijos en posiciones donde necesiten con urgencia su poder y, luego, muestra su provisión de modo ml que despliega su grandeza». David Platt

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