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El Dios de gracia en medio de la desgracia

Nuestro pasaje continúa con lo que sucedió con Jacob después de que él había olvidado por diez años la promesa que había hecho a Dios. A pesar de que él le había dicho que sería su único Dios, había ídolos que debía dejar. Y Dios le llevó a través de circunstancias familiares difíciles para ver el problema que había en su corazón. Al final de la sección que estudiamos la semana pasada, llegamos a Betel, donde Jacob restaura su comunión con Dios. El Señor reafirma sus promesas y cambia su nombre a Israel, poniendo las bases para la formación de la nación israelita.

Y en el marco de este momento de celebración, purificación y restauración con Dios, comienzan una serie de tragedias familiares. Esas situaciones, al igual que lo sucedido con Dina y sus hijos, reflejaba una falta de liderazgo de Jacob en su hogar. Pero al mismo tiempo al mismo tiempo, sería una manera de mostrar la fidelidad de Dios a su pacto y promesas, a pesar de las fallas y debilidades en su liderazgo.

Hasta este punto, parece que el patriarca no tiene descanso en su vida. Pareciera que una tras otra, tiene que enfrentar circunstancias que le llevan a momentos de tensión donde debe aprender a confiar y depender del Señor. Y es que, así es la vida del creyente. Vamos a enfrentar lucha tras lucha, porque el Señor quiere ayudarnos a recordar que nuestra esperanza no puede venir de este mundo. Lo único que tenemos seguro viviendo en este mundo caído es la aflicción, dolor y muerte, tu esperanza no puede venir de este mundo, tu esperanza debe venir de Cristo; por esta razón Jesús dijo: «en el mundo tendréis aflicción, pero confiad, yo he vencido al mundo».

Debemos recordar que todo lo que vemos y conocemos es pasajero, y debemos vivir como extranjeros y peregrinos sobre la tierra (He 11:13-16). A través de estas tragedias que el patriarca va a enfrentar, Dios va a enseñarle que él es fiel a su pacto y sus promesas a pesar del pecado y las fallas humanas.

1. Muerte de Raquel (Gen 35:16-21)

Recordemos que Raquel es la esposa favorita. Es aquella de la que se enamoró a primera vista y por la cual estuvo dispuesto a trabajar 14 años, y le parecieron como pocos, porque la amaba. Ahora, mientras Jacob se dirige a la tierra que Dios le ha prometido, antes de llegar a Belén sucede una tragedia, su esposa a la que tanto amaba y por la que tanto trabajó, muere. Pero la tragedia aquí no es simplemente la muerte, no es el qué sino el cómo, cómo muere Raquel.

En Génesis 31:19 se nos dice: «Pero Labán había ido a trasquilar sus ovejas; y Raquel hurtó los ídolos de su padre». Ella había tenido esos ídolos todo este tiempo, hasta que el Señor le mostró a Jacob que debían deshacerse de ellos (Gen 35:2, 4). Sin embargo, a pesar de que Raquel había dejado los ídolos de su padre, todavía tenía ídolos en su corazón que aún, en la hora de su muerte no había dejado.

– Génesis 30:1 «Viendo Raquel que no daba hijos a Jacob, tuvo envidia de su hermana, y decía a Jacob: Dame hijos, o si no, me muero».
– Génesis 30:22-24 «Y se acordó Dios de Raquel, y la oyó Dios, y le concedió hijos. Y concibió, y dio a luz un hijo, y dijo: Dios ha quitado mi afrenta; y llamó su nombre José, diciendo: Añádame Jehová otro hijo».

Su ídolo es la maternidad y sus hijos.

Ahora, después de muchos años Dios le concede ser madre por segunda vez. Raquel da a luz tras un parto difícil. El parto es asistido por una partera que anima a Raquel, quien al final tiene a su hijo, pero con un trágico desenlace, ya que Raquel muere. Y con el último aliento de vida que le queda, ella revela lo que realmente había en su corazón: Benoni. Esta es la palabra hebrea que significa: «Hijo de mi aflicción/dolor». Antes de esto, Raquel había visto a su primer hijo como un motivo de alegría, pero no sólo eso, sino que lo veía como un símbolo de victoria en la competencia contra su hermana, había idolatrado tanto la maternidad que ahora lo único que le había dejado era dolor y aflicción.

Y eso puede suceder con cada ídolo en nuestro corazón, cada cosa que está tomando el lugar más importante en nuestras vidas. Ya sea el dinero, la comodidad, el placer sexual, el entretenimiento, etc. Al final te va a dejar un vacío y dolor, porque hemos sido creados para algo mayor, hemos sido creados para encontrar nuestro gozo y placer en Dios y su gloria.

Raquel había dejado de ser agradecida con lo que ya tenía. Lea deseaba hijos para sentirse amada, pero Raquel ya era amada por su esposo. El problema es que su insatisfacción en la voluntad de Dios para su vida la llevó a competir con su hermana, a pesar de que Dios ya le había dado un hijo, no fue agradecida, ella quería más. Y ese deseo egoísta la llevó al punto en el que, ni siquiera pudo disfrutar a sus hijos. Si no somos agradecidos, y siempre estamos deseando más (un nuevo teléfono, un nuevo trabajo, más dinero, otro hijo, otro esposo/a), siempre viviremos una vida insatisfecha, porque estamos intentando llenar un vacío que tiene la forma de Dios.

Hablando acerca de la paternidad, tristemente, muchos de nosotros como padres podemos deformar la crianza de nuestros hijos al punto que llegamos a idolatrarlos y desarrollamos lo que Paul Tripp llama «la crianza posesiva» (La crianza de los hijos). Él dice que muchos padres buscan su identidad en sus hijos, piensan que es su trabajo hacer que sus hijos lleguen a ser algo en la vida. Estos padres se enfocan en formar a sus hijos en lo que ellos creen que sus hijos deben ser, y lo cual les confirma que son padres exitosos: Cosas como el desempeño académico, logros deportivos, habilidades musicales, éxito social, se convierten en los medidores de una crianza exitosa.

Padres que desarrollan este tipo de crianza posesiva, inconscientemente convierten a sus hijos en sus trofeos. Quieren ser capaces de presumir a sus hijos en público para obtener la admiración de las personas que los rodean. Los hijos bajo esta autoridad, viven frustrados y cansados de llevar la pesada carga de la reputación de sus padres. Y cuando los hijos fallan, o tienen malos comportamientos, son el objeto de la ira y el enojo de los padres que están más preocupados por cuidar su imagen, o por el ‘qué dirán’, que lo que realmente está en el corazón de sus hijos. Y muchas veces como Raquel, tenemos este sentido de competitividad egoísta.

Sin embargo, ya seas padre o madre, tu identidad no debe estar en tus hijos sino en Jesús. Tu trabajo no es cambiar a tus hijos, es representar a Cristo y el evangelio. No se trata de alcanzar tus metas, sino de cumplir los propósitos de aquel que te ha llamado para su gloria, no para la tuya.

Raquel estaba tan centrada en lo que ella quería, que al final, el idolatrar la maternidad de esa forma, sólo le había traído aflicción. En ese momento Jacob interviene y cambia el nombre de Benoni (Hijo de mi aflicción) por el de Benjamín (Hijo de mi diestra) (Gen 35:18). Sin embargo, también es triste ver que Jacob interviene demasiado tarde. Él no había ministrado el corazón de su esposa, no le había ayudado a confiar en el Señor y a descansar en la voluntad del Señor para su maternidad.

Déjame decirte que las fallas en tus hijos y tu esposa son un reflejo de tus fallas como líder y como esposo. No estoy diciendo que son tu culpa, sino que son un reflejo de falta de liderazgo espiritual. Una de las luchas más grandes de Jacob fue con sus hijos, vimos esto con Simeón y Leví en el capítulo anterior, y más tarde mostraría un favoritismo José y Benjamín, sus dos hijos que se habían quedado sin madre. Jacob también iba a idolatrar a sus hijos, lo cual le traería graves conflictos familiares.

Uno de esos conflictos lo vemos en la siguiente sección con uno de sus hijos, Rubén el primogénito, es el protagonista de la segunda tragedia.

2. El pecado de Rubén (Gen 35:22-26)

La venganza despiadada de Simeón y Leví contra Hamor y Siquem, y la conducta inmoral de Rubén, son indicadores de la falta de juicio moral y espiritual de los hijos de Jacob.

Este pecado sería condenado fuertemente en la ley mosaica, según Levítico 27:20 «Maldito el que se acostare con la mujer de su padre, por cuanto descubrió el regazo de su padre. Y dirá todo el pueblo: Amén». Más tarde encontramos en la iglesia de corinto un caso similar, 1 Corintios 5:1 «De cierto se oye que hay entre vosotros fornicación, y tal fornicación cual ni aun se nombra entre los gentiles; tanto que alguno tiene la mujer de su padre».

La acción de Rubén representaba un pecado grave delante de Dios. Pero, a parte de la acción inmoral, lo que Rubén hace, en el sistema patriarcal, es un reclamo político de autoridad patriarcal. Él está intentando usurpar el derecho como jefe del clan. Es similar a lo que sucedió en la época de los reyes, con Absalón y las concubinas del Rey David, su padre. Al tomarlas él se estaba proponiendo como el nuevo rey «Entonces pusieron para Absalón una tienda sobre el terrado, y se llegó Absalón a las concubinas de su padre, ante los ojos de todo Israel» (2 Sam 16:22).

Pero lo que más nos llama la atención es la manera en la que Jacob reacciona a tal acción (Gen 35:22) ¿Cuál fue la reacción de su padre? ¡Nada! no dijo nada. A diferencia de Simeón y Leví, Jacob no actuaría de manera impulsiva castigando o vengándose por la acción de su hijo; Jacob iba a esperar en el Señor. Esperaría el momento exacto para poder actuar de acuerdo a la voluntad de Dios. Y fue mucho tiempo después, en sus últimos días de vida cuando él bendice a cada uno de sus hijos antes de morir, que sucede algo que nadie esperaba (Gen 49:1-4).

El pecado como cualquier otro, tiene sus consecuencias serias. El hijo mayor debía haber recibido dos porciones de la herencia y la posición de líder sobre su pueblo. Pero Rubén perdió este honor especial, y Jacob no podía bendecir a alguien que había cometido tal perversidad. Al igual que Esaú había vendido su primogenitura por un plato de comida, Rubén había cambiado su primogenitura y el lugar de honor por un momento de placer. El pecado muchas veces nos lleva a actuar de manera irracional.

Las consecuencias de nuestro pecado pueden ser inmediatas o a veces llegan mucho tiempo después. Cuando cometemos un pecado podemos pensar que no pasa nada, que quizá nadie se dio cuenta, pero el pecado tarde o temprano tiene sus consecuencias «Porque es necesario que todos nosotros comparezcamos ante el tribunal de Cristo, para que cada uno reciba según lo que haya hecho mientras estaba en el cuerpo, sea bueno o sea malo» (2 Cor 5:10)

Pero la esperanza del creyente es que Cristo tomó las consecuencias de nuestro pecado y lo clavó en la cruz. 1 Pe 2:24 «quien llevó él mismo nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero, para que nosotros, estando muertos a los pecados, vivamos a la justicia; y por cuya herida fuisteis sanados.»

La relación de Jacob con los hijos de Lea quedó muy fracturada, desde el capítulo 34 donde Dina, Simeón y Leví que eran hijos de Lea, le habían turbado con toda esa situación, ahora vemos el pecado de Rubén y más tarde descubriremos lo que pasa con Judá. Es por eso que Jacob se enfoca en los dos hijos de su amada difunta Raquel, en José y Benjamín, tomando a José como su favorito, Después tenemos toda esta historia del manto de colores y entendemos por qué había envidia de los demás hijos de Jacob hacia José.

Por ahora, en este contexto se nos presenta la lista de los doce hijos de Jacob (35:22-26). ¿Por qué es interesante que esta lista aparezca justo ahora? Porque de esta familia disfuncional, fracturada y herida, Dios formaría a las 12 tribus que llegarían a convertirse en la nación de Israel. Pero este privilegio no sería porque ellos fueran muy buenos, de hecho, ni Judá, quien sería el que continuaría con la línea mesiánica; Unos capítulos más tarde, encontraremos a Judá cometiendo un acto terrible con su nuera Tamar. El punto aquí es la fidelidad de Dios a su pacto a pesar de la infidelidad. Dios iba a formar a la nación de Israel a través de esas doce tribus y a pesar de esos doce hijos.

Hermanos, Dios puede transformar y restaurar tu vida. Dios puede usarte a pesar de tu pecado, a pesar de tu pasado, él quiere hacerte un instrumento útil para su gloria. Eso es lo que hemos visto con Jacob, él fue un mentiroso engañador, pero Dios lo transformó hasta ser Israel. Pero todo comenzó cuando él tuvo un encuentro real con Dios en Betel, cuando Dios fue su Dios y él aprendió a confiar en el Señor.

Este pasaje termina con una tercera tragedia.

3. Muerte de Isaac (Gen 35:27-29)

Mientras algunas relaciones se deterioraban, otras se fortalecían. Jacob y su hermano Esaú, quien algún tiempo quería matarlo, ahora se unen para acompañar a su padre los últimos días de su vida. Este hecho demuestra una completa y continua reconciliación entre Esaú y Jacob, quienes aún después de la muerte de su padre, repartieron la herencia, reconociendo a Jacob como el primogénito; de hecho, después de esto se separaron pacíficamente (Gen 36:6-7). (Gen 35:28-29) El resumen que se hace de la condición de vida de Isaac nos habla de que había tenido una vida completa y bendecida.

Este relato, parece simple, pero es importante ya que Isaac es el hijo de la promesa, y Jacob ha sido confirmado con el heredero de la promesa. Lo que Moisés hace al escribir esta breve historia, es introducir los siguientes capítulos donde se hace un resumen de la historia familiar de Jacob y Esaú, para enfatizar la continuación del pacto de Dios a través de Jacob a pesar de las fallas Jacob y los pecados de sus hijos. Dios es fiel a sus promesas y continuaría su pacto a pesar de ellos.

Capítulo 36 comienza dando una explicación de la genealogía de Esaú, y para esto nos aclara quiénes fueron sus esposas (Canaán). Tomó mujeres de las cuales Dios había prohibido. Y así como Dios había cambiado el nombre de Jacob a Israel, se nos menciona un cambio de nombre importante de Esaú a Edom Gen 36:1, 8, 19, 43.

Piense en el impacto que esto tendría para los lectores originales, la segunda generación que está por entrar en la tierra prometida. Edom sería un enemigo constante del pueblo de Israel, desde que salieron de Egipto, la primera batalla que tuvieron fue contra los Amalecitas, una tribu Edomita. Los Edomitas fueron fuertes enemigos de Israel durante el reinado de Saúl, pero fueron dominados por David. Jeremías, Ezequiel y Abdías son profetas que predicen la destrucción de Edom, de hecho, Abdías es una profecía sobre el juicio de Dios contra Edom. Según el historiador Josefo, los edomitas fueron derrotados por Judas Macabeo (163 a. C.) hasta su completa desaparición en el año 70 d.C. con la destrucción de Jerusalén.

Otra cosa interesante que encontramos en esta genealogía de Esaú la vemos en 36:31 ¿por qué es interesante? Porque después de los jueces, los israelitas pidieron a Samuel que les diera un rey como lo tenían las demás naciones, una de ellas era Edom. Los israelitas querían copiar a las naciones paganas. Ellos rechazaron a Dios como su rey y Dios les dio a Saúl, el primer rey de Israel.

Ahora, ¿qué es lo más importante de toda esta genealogía? Que la las genealogía de Esaú constituye únicamente un capítulo (Gen 36), pero cuando llegamos al 37:1-2a descubrimos que la historia de la genealogía de Jacob se nos presenta como una narración larga (de todo lo que resta de Génesis/pentateuco). A pesar de las fallas, a pesar de las tragedias, y la confusión y las dudas. Dios seguiría siendo fiel a su pacto y su promesa. Él iba a hacer lo que había prometido.

CONCLUSIÓN

Muchas veces pueden venir tragedias a nuestra vida, tal vez una tras otra. Quizá alguna situación difícil o momentos de crisis donde nos preguntamos ¿qué está pasando? ¿Dónde está la fidelidad de Dios? Tal vez, como Jacob, hemos perdido a un ser amado con esta pandemia. Quizá la crisis ha llegado en los resultados de los estudios médicos, o a aquella mujer que su esposo la ha abandonado, o un marido al que su esposa lo ha engañado, o un hijo que parece ser cada vez más rebelde.

Es en esos momentos en los que Dios quiere desarrollar nuestra fe. Realmente nuestra única esperanza se haya en confiar en la fidelidad de Dios a su palabra y sus promesas.

«En lo cual vosotros os alegráis, aunque ahora por un poco de tiempo, si es necesario, tengáis que ser afligidos en diversas pruebas, para que sometida a prueba vuestra fe, mucho más preciosa que el oro, el cual aunque perecedero se prueba con fuego, sea hallada en alabanza, gloria y honra cuando sea manifestado Jesucristo, a quien amáis sin haberle visto, en quien creyendo, aunque ahora no lo veáis, os alegráis con gozo inefable y glorioso; obteniendo el fin de vuestra fe, que es la salvación de vuestras almas». (1Pe 1:6-9)

«Amados, no os sorprendáis del fuego de prueba que os ha sobrevenido, como si alguna cosa extraña os aconteciese, sino gozaos por cuanto sois participantes de los padecimientos de Cristo, para que también en la revelación de su gloria os gocéis con gran alegría».
(1Pe 4:12-13)

Quisiera terminar con Hebreos 11:21 «Por la fe Jacob, al morir, bendijo a cada uno de los hijos de José, y adoró apoyado sobre el extremo de su bordón». (He 11:21) El autor de Hebreos nos dice que la acción de bendecir a sus hijos fue un acto de fe de Jacob ¿por qué? Porque al ver todas las fallas en su familia, no le quedaba más que confiar en que si algo bueno podía salir de ahí, sería por la gracia de Dios. No sé cómo, no sé cuándo, pero Dios va a obrar, en medio de toda la crisis, en medio de la tragedia, la pandemia, Dios es fiel y él va a cumplir lo que ha prometido.

¿Cómo lo sé? esto no es un llamado a un tipo de fe ciega. Podemos estar seguros que Dios es fiel porque él fue fiel al cumplir todas las promesas del Antiguo Testamento, todas las promesas que apuntaban a Cristo se cumplieron. Dios dijo que vendría y vino, dijo que moriría y murió, dijo que resucitaría y resucitó, dijo que regresaría y regresará.

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