13 de Abril del 2014 | Romanos 4:1-12 | Ernesto Mendoza


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¿Se ha dado cuenta de lo difícil que es hoy en día encontrar buenos ejemplos a los cuales seguir? El mundo esta lleno de malos ejemplos y tristemente en la vida cristiana pasa lo mismo. Pero aun así Dios ha permitido varios buenos ejemplos en esta iglesia. (Fil 3:17): «Hermanos, sed imitadores de mí, y mirad a los que así se conducen según el ejemplo que tenéis en nosotros».

Pablo ahora va a tomar el ejemplo de un hombre muy conocido, para explicarnos cómo es que la justicia de Dios está al alcance de todos únicamente por la fe. Él es Abraham el padre de la fe. Vivió más de dos mil años antes de que Pablo escribiera la carta a los Romanos, y más de cuatro mil años antes que nosotros. Creo que Pablo lo toma como ejemplo no solo porque es conocido como el padre de la fe, sino también porque quiere demostrar que la salvación siempre ha sido por la fe sin obras. La justicia de Dios se obtiene únicamente por la fe, fue verdad hace mas de cuatro mil años y es verdad ahora ¿Qué es lo que nos enseña la vida de Abraham en cuanto a la fe y la justicia? ¿Cómo es que él es un ejemplo para nosotros?

I. UN EJEMPLO DE HUMILDAD. La justicia por fe excluye el orgullo y gloria personal (4:1-5).

Recuerdo que cuando una señora escuchó que la salvación es por gracia, replicó diciendo: “No es así, mis papás siempre me enseñaron a ganarme las cosas, y nosotros también nos tenemos que portar bien para poder alcanzar la salvación”. Esta manera de pensar suena lógica pero no es la lógica de Dios. Tristemente existen muchas personas que piensan que pueden ganarse la salvación viviendo una vida buena pero terminarán muy sorprendidos el día de juicio. ¿Por qué no está bien pensar de esta manera? Porque haciendo esto estoy poniendo a Dios en deuda conmigo.

A. Dios no me debe nada (vv. 2, 4). El v. 2 sin duda nos recuerda Efesios 2:8-9. La salvación no es por mis propios méritos o mi trabajo, si así fuera yo podría sentirme orgulloso de haberla alcanzado y la gloria por la salvación la recibiría yo y no Dios. (v. 2) “No para con Dios”, a Dios no le impresionan tus obras, porque lo que él pide es justicia perfecta. Pero el asunto es aún más profundo, la salvación no es por mi propio esfuerzo o trabajo porque entonces sentiría que merezco ser salvo por portarme bien, y por tanto Dios estaría en deuda conmigo. Para ayudarnos a entender esta idea Pablo nos da una ilustración en el versículo 4. El dinero que alguien te paga por un trabajo no es un regalo, sino algo que se te debe. Las huelgas que los trabajadores hacen cuando no se les paga, es su manera de exigir que se les de lo que es justo por su trabajo. Pero no podemos hacer esto con Dios. No podemos poner a Dios en deuda con nosotros porque él no nos debe nada. El pago que yo merezco es la muerte, pero el Señor por su gracia me regala la vida (Ro 6:23).

Muchos creyentes piensan que si hacen cosas espirituales pueden exigirle a Dios que les bendiga o que responda ciertas oraciones. Pero Dios no tiene que darme nada porque él ya me dio el regalo más grande, la vida de su hijo que derramó su sangre por mis pecados. Está también es la principal razón por la que las personas se alejan de la iglesia.

Es aquí donde debemos tener cuidado en cómo explicamos el evangelio. Debemos predicar a Cristo no como un paracaídas que va a hacer el vuelo de una persona más cómodo y sencillo, sino como un paracaídas que le va a salvar la vida de la destrucción inminente. Cristo no nos hace la vida más fácil y cómoda sino que es nuestra esperanza, pues nos salva de la ira venidera.

B. Dios acepta mi débil fe (vv. 3, 5). La realidad es que la fe de Abraham en un principio no era perfecta. Tampoco la de nosotros. En el mismo capítulo (Gen 12) donde Dios le da su promesa, es en ese capítulo en donde lo vemos yendo a Egipto y mintiendo. En Génesis 15 Dios le da la promesa de un hijo y en capítulo 16 él está tomando decisiones incorrectas. No lo vemos como el padre de la fe, sino como el padre de la incredulidad.

Así también somos nosotros. Quizás alguien nos habló y no creíamos al principio, pero entendimos dos cosas: que éramos pecadores depravados que se encontraban camino al infierno, y que la obra de Cristo en la cruz es suficiente para salvarnos y lavar nuestro pecado. Muchos no tomaron una decisión al instante. Tener fe es creer en aquel que justifica al impío, pero no quiere decir que seamos justos o que nuestra fe fuera perfecta. Sin embargo cuando recibimos a Cristo comienza en nosotros una obra que se llama santificación, en la cual yo voy haciendo morir a mi vieja naturaleza y voy creciendo a la imagen de Cristo.

Hermano ¿podría decir que el hombre que es ahora es diferente al que era hace algunos años? Si no ha habido cambio es porque quizás no hemos recibido la justicia de Dios, porque quizás no hemos creído en aquel que justifica a limpio, porque quizás no nos consideramos impíos (V. 5b). Cuando Dios ve nuestra fe débil y cargada de impiedad, él la toma y a cambio te da su justicia, el perdón completo de tus pecados y la salvación eterna.

II. UN EJEMPLO DE GOZO. La justicia por fe es una noticia que trae gozo (4:6-8).

¿Qué es lo que te alegra más cuando estás triste? ¿Qué es lo que te anima en un momento de desánimo? El evangelio es una buena noticia que nos da gozo y esperanza (v. 6).

Ahora Pablo va a citar al rey David no solo para reforzar la idea de que la salvación y la justicia son sin obras, sino también para enseñarnos de las bendiciones que nos trae la buena noticia del evangelio. ¿Qué es una bienaventuranza? ¿Qué significa ser bienaventurado? La palabra es makarios, que significa ser afortunado o doblemente feliz. Podríamos decir que bienaventurado es una condición en la que usted esta profundamente seguro, confiado y feliz en Dios. Feliz en Dios, no en las circunstancias. Usted puede ser un makarios y aun así estar pasando circunstancias difíciles. Mire cómo lo define Cristo (Mt 5:11). Bienaventurado no quiere decir que no tendrá problemas, que todo le saldrá bien, o que tendrá prosperidad. Quiere decir que cualquiera que sea mi situación, todo esta bien entre Dios y yo. ¿Cómo puedo llegar a esta clase de gozo y satisfacción profunda en Dios? Meditando en lo que él ha hecho por mi.

A. Dios ha cubierto mi pecado (v. 7). Tristemente hoy el pecado no nos causa tanto temor. Escuchamos tantos chistes y lo vemos tanto en televisión que ya nos sentimos cómodos con él. Los antiguos metodistas decían: “Dios, agiliza mi conciencia hasta que sienta lo repugnante del pecado”. Y es que nuestro pecado es tan horrible que solo merece la ira de Dios, el castigo justo y santo por el pecado. Pero si has recibido a Cristo eres bienaventurado porque tus pecados están cubiertos y perdonados ¿Con qué cubre Dios mi pecado? Con la justicia de Cristo:

– 2Co 5:21 «Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en él».
– 1Pe 3:18 «Porque también Cristo padeció una sola vez por los pecados, el justo por los injustos, para llevarnos a Dios…».
– Gál 3:13 «Cristo nos redimió de la maldición de la ley, hecho por nosotros maldición (porque está escrito: Maldito todo el que es colgado en un madero)».

Gócese hermano, somos bienaventurados porque nuestros pecados no están sobre nosotros sino sobre la cruz de Cristo. Y todo esto únicamente por la fe. Esta verdad nos debe dar confianza y gozo en Dios, pues en los momentos de prueba yo puedo decir con seguridad “estoy bien con mi Dios, y eso me fortalece para enfrentar las pruebas con gozo”.

B. Dios no toma en cuenta mi pecado (v. 8). Esta verdad la podemos ver aún con más claridad en el Salmo 103:10. Dios no nos ha dado lo que merecemos, necesitamos recordar este mensaje todos los días. Un pastor se había propuesto predicarse el evangelio todos los días, así que ideó la manera de poder recordar esta hermosa verdad, que Dios no toma en cuenta nuestro pecado. Así pues, cada vez que alguien le preguntara ¿cómo estas? Él iba a responder: “Mejor de lo que merezco”. Esta manera de responder le parecía extraña a muchos, pero le permitía a este hermano recordar lo que Cristo ha hecho a través del evangelio y así poder compartir el evangelio con otros. ¿Podríamos decir lo mismo cuando estamos pasando por una prueba? No importan los problemas que vengan, podemos estar seguros, confiados y felices en Dios por lo que él ha hecho.

III. UN EJEMPLO DE FIDELIDAD.

La justicia por fe está al alcance de todos los que imitan la fe de Abraham (4:9-12).

La circuncisión es un mandamiento que Dios da en la ley a los judíos. Es una cirugía o corte en sus partes intimas que todos los judíos hacen al niño 8 días después de que nace. Con el paso del tiempo los judíos pensaron que por obedecer este rito ellos eran salvos. Sin embargo Abraham no fue declarado justo por obedecer este rito sino por su fe, y esto sucedió antes de ser circuncidado (9-10). Pablo utiliza este argumento para mostrar el lugar y el valor correcto de la circuncisión.

A. Una fe que obra (11a). Hasta aquí hemos dicho que las obras no sirven para ser salvos, y es verdad. Sin embargo Dios no desecha el valor de las obras y la obediencia, sino su propósito es ubicarlas en el lugar en la vida del creyente. Para entenderlo él utiliza dos palabras “señal” y “sello” (v. 11). Dios le dio a Abraham la circuncisión como señal y sello de su fe.
¿Qué es lo que va a determinar si alguien es un verdadero cristiano? Su obediencia a la ley. (Ro 8:5-8)
El día de hoy existe un grupo nuevo que enseña que el bautismo salva. Nosotros sabemos que la Biblia no enseña eso, sino que el bautismo es una señal y sello. Es un paso de obediencia. Mi testimonio público de que realmente he recibido a Cristo y que quiero seguirle. Algunas “cristianos” piensan que el bautismo tiene ciertos poderes místicos para hacerme más santo. Es por eso que después de bautizarse muchos se alejan de la iglesia, porque creen que como ya cumplieron con ese rito, entonces ya son justos. Este es el mismo problema que enfrentaron los judíos con la circuncisión.

Nuestras obras no son el medio por el que somos salvos, sino una señal y sello de que ya he recibido la justicia de Dios. (Stg 2:14) No hago buenas obras para ser salvo, sino que las hago porque soy salvo. Mis obras muestran que mi fe es verdadera.

B. Una fe que influye (11b-12). Abraham es el padre espiritual de todos los son justificados por la fe sin obras. Si tu has creido en Cristo y le has recibido como tu Señor y Salvador entonces también eres hijo de Abraham (Gá 3:6-7). Abraham es un hombre tan influyente, que si tú sigues el ejemplo de la fe de Abraham, Dios dice que a ti también tu fe te será contado por justicia (11c).

¿Qué tanto está influyendo tu fe? En tu trabajo, en tu casa, en tu escuela, con las personas que te rodean. ¿Estas hablando de Cristo en cada oportunidad que tienes? Recuerda que Dios quiere alcanzar las naciones (1:5), pero va a ser difícil si primero no estamos influyendo en el lugar en el que Dios nos ha puesto.

CONCLUSIÓN

Pablo hizo una buena elección al tomar a Abraham como ejemplo de cómo podemos obtener la justicia de Dios únicamente por la fe. Y si tu sigues su ejemplo de fe, la Biblia promete que tu también puedes obtener la salvación que Dios ofrece gratuitamente.

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