Puesto que estas siete son cartas para las iglesias, encontramos primeramente el destinatario. Los oyentes originales eran los miembros de la iglesia en Laodicea. Parece que en un tiempo se fundó una iglesia en ese lugar bajo el ministerio de algún discípulo del apostol Pablo. Aunque Pablo nunca habia visitado esta iglesia, sin embargo cuando escribió la carta a los Colosenses, dio instrucciones para que la carta también circulara en la iglesia de Laodicea, ya que Colosas se encontraba cerca de Laodicea: » Cuando esta carta haya sido leída entre vosotros, haced que también se lea en la iglesia de los laodicenses, y que la de Laodicea la leáis también vosotros» (Col 4:16).

Laodicea se llama asi por la esposa del gobernador Antíoco II. La ciudad estaba situada en el valle del río Lico, lo que la hacía un lugar muy verde y fértil. De hecho esta fertilidad permitió que crecieran sus rebaños de ovejas, las cuales producían una lana negra suave y brillante, que era muy demandada por los compradores para la fabricación de ropa y alfombras. Esto hizo que los habitantes de Laodicea se convirtieran en hábiles comerciantes. De hecho para la época del imperio Romano, Laodicea llegó a ser la ciudad más rica de aquella región.

Era tan rica que no tuvo problemas para levantarse después de un gran terremoto que sacudió la cidad. Sus recursos les sirvieron también para construir un acueducto y así traer agua de una ciudad a 10 km de distancia.

Pero Laodicea no sólo era conocida por su comercio y riquezas, sino también por la escuela de medicina, una de las más grandes de sus tiempos. En esta escuela se habia logrado producir un unguento para curar enfermedades del oido, pero también se habia hecho famoso un medicamento a base de colirio, que era utilizado para enfermedades de la vista, incluso en nuestros días.

Entendiendo un poco del contexto de la ciudad, podemos entender las palabras el impacto que las palabras del Señor debieron tener sobre tal iglesia.

I. EL REMITENTE

A. El amén

Al igual que en las otras iglesias nuevamente encontramos una descripción del remitente. Como sabemos, es Jesús quien esta hablando, sin embargo él se presenta de una manera diferente a cada iglesia, y en cada una de ellas podemos ver parte del carácter de Cristo. Ahora lo vemos como el «Amén». Nosotros usamos la palabra amén para asentar que algo es cierto. La palabra significa «en verdad» o «verdaderamente». Jesús utilizaba esta palabra griega cuando decía: «De cierto, de cierto os digo…» «ἀμὴν ἀμὴν λέγω ὑμῖν». Sin embargo aquí se útiliza como nombre propio, pues e le agrega el artículo determinado. Esto nos enseña que Cristo no sólo dice la verdad, sino que ¡Él es la verdad! Por eso podemos confiar en las promesas, Cristo es el amén a sus propias promesas. Es la seguridad y la garantía.

«Porque todas las promesas de Dios son en él Sí, y en él Amén, por medio de nosotros, para la gloria de Dios» (2 Cor 1:20). La fidelidad de Cristo se contrasta aquí con la infidelidad e inconstancia de los laodicenses quienes se describen como tibios espirituales.

B. El testigo fiel

Pero también se nos dice que es el «testigo fiel y verdadero». Cristo fue un testigo fiel del Padre cuando caminó sobre está tierra. Él hablaba lo que el Padre le había mandado. Pero podemos notar un tinte de vocabulario judicial, como un testigo delante de una corte. ¿Cuáles son las primeras palabras del versiculo 15? «Yo conozco tus obras…» Él es el testigo fiel y verdadero de la condición espiritual de esta iglesia. Esto nos enseña algo importante, que Jesús puede ser un testigo en tu contra o un abogado a tu favor. En el dia del Juicio, vas a recibir la gracia y la justicia de Dios por medio de Jesucristo, o te vas a encontrar bajo la ira de Dios por toda la eternidad. Jesús puede ser un testigo en tu contra o un abogado a tu favor.

C. El principio de la creación

Frases como estas han sido malinterpretadas por personas que dicen que Jesús es un ser creado, y por lo tanto, no puede ser Dios. Esta frase nos enseña que Jesús es la fuente y el origen de la Creación. Es la enseñanza Bíblica de que todas las cosas han sido creadas por medio de él y para él. Cristo es el centro y la causa del universo. El es el que tiene el principado en la creación, y para la iglesia de Laodicea y para nosotros también Jesús debe tener la preeminencia. La iglesia de Laodicea estaba confiando en su riqueza, en su conocimiento y en sus propias fuerzas, ¡Y cuántas veces nosotros hacemos lo mismo! Pero el Señor nos dice «yo debo tener la preeminencia, el primer lugar en tu vida».

II. LA CONDICIÓN ESPIRITUAL (Ap 3:15-17)

A. Tibieza espiritual (v. 15-16)

Cuando los miembros de laodicea escucharon estas palabras, ellos entendieron bien el ejemplo que Dios les estaba poniendo. Cerca de Laodicea había dos ciudades, Hierápolis y Colosas. Hierápolis era famosa por sus aguas termales, y Colosas era conocida por los manantiales fríos que brotaban en la zona montañosa. Pero el agua en Laodicea era diferente. Cuando su famoso río Lico se secaba en el verano, el agua no era suficiente para abastecer a la ciudad, así que la traían desde varios kilometros a través de sus acuedúctos subterráneos, lo que hacía que el agua en Laodicea llegara sucia y tibia, con un sabor un tanto desagradable. El comentario de McArthur dice que los visitantes que no estaban acostumbrados a consumirla, al probar el agua la escupían de inmediato.

Esta condición en la iglesia laodicense produce en el Señor un repudio y desagrado. El Señor desea que tomemos una posición (v. 15). Él desea que seamos «fervientes» en nuestra relación con Cristo. ¿Qué significa ser ferviente? Me temo que lo primero que viene a nuestra mente es «hacer cosas para Dios». Pensamos que porque estamos involucrados, apoyamos alguna misión, venimos a la iglesia, y hacemos cosas de cristianos, creemos que eso es ser «ferviente» espiritual. Pero recuerde que usted puede hacer cosas y su corazón puede estar lejos de Dios, al igual que los fariseos.

Otra cosa que viene a nuestra mente cuando pensamos en una iglesia ferviente son los números. Pensamos que porque la asistencia de hoy rebasó el número normal, entonces estamos creciendo y somos fervientes. Creo que si se tratara de números no deberíamos medir la asistencia de los domingos por la mañana sino del miércoles de oración. El crecimiento numérico no siempre indica un crecimiento espiritual, aunque un crecimiento espiritual firme, siempre traerá un crecimiento numérico gradual.

Creo el fervor espiritual que el Señor buscaba en la iglesia de Laodicea y que aún busca en nuestra iglesia hoy, se define por la palabra «pasión». Es cuando nuestro corazon se deleita con un amor desbordante por Dios. Permítame darle algunos contrastes entre una persona tibia y una persona fervorosa, y que esto nos sirva de auto-evaluación:

– Las personas tibias asisten a la iglesia con bastante regularidad. Sin embargo, la mayoria de las veces su corazón esta lejos del Señor.

– Las personas tibias se sienten bien cuando hacen cosas para Dios, pero también sienten inúnites cuando no estan activos en alguna programa de la iglesia. «Muchos me dirán en aquel día: Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre echamos fuera demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros? Y entonces les declararé: Nunca os conocí; apartaos de mí, hacedores de maldad. (Mat 7:22-23)

– Las personas tibias dan dinero a la iglesia siempre y cuando sea seguro y no afecte su estilo de vida. «Y dijo: En verdad os digo, que esta viuda pobre echó más que todos. Porque todos aquéllos echaron para las ofrendas de Dios de lo que les sobra; mas ésta, de su pobreza echó todo el sustento que tenía.» (Luc 21:3-4)

– Las personas tibias no quieren ser salvas de su pecado sino sólo del castigo de su pecado. Muchos de ellos siguen albergando pecados ocultos. «¿Qué, pues, diremos? ¿Perseveraremos en el pecado para que la gracia abunde?, En ninguna manera» (Ro 6:1)

– Las personas tibias son conmovidas por las historias de misioneros o de aquellos que hacen cosas radicales para Cristo, pero ellos mismos no actúan. «Pero sed hacedores de la palabra, y no tan solamente oidores, engañándoos a vosotros mismos». (Stg 4:17).

– Las personas tibias rara vez comparten su fe con amigos, vecinos, compañeros de trabajo o familiares. No quieren hacer sentir incómodasa las personas con asuntos de religión. «A cualquiera, pues, que me confiese delante de los hombres, yo también le confesaré delante de mi Padre que está en los cielos. Y a cualquiera que me niegue delante de los hombres, yo también le negaré delante de mi Padre que está en los cielos». (Mat 10:32-33)

– Las personas tibias dicen que aman a Jesús pero sólo le entregan parte de su vida, tiempo, esfuerzo y pensamientos. «Y amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente y con todas tus fuerzas.(G) Este es el principal mandamiento». (Mar 12:13)

– Las personas tibias estan dispuestas a servir a Dios, pero establecen límites sobre qué tan lejos llegar. «Jesús le dijo: Si quieres ser perfecto, anda, vende lo que tienes, y dalo a los pobres, y tendrás tesoro en el cielo; y ven y sígueme. Oyendo el joven esta palabra, se fue triste, porque tenía muchas posesiones». (Mat 19:21-22)

– Las personas tibias piensan y se preocupan más por la vida en la tierra que por la eternidad en el cielo. «Poned la mira en las cosas de arriba, no en las de la tierra». (Col 3:2)

– Las personas tibias no viven por fe, siempre buscan lo seguro sin tomar riezgos. Un trabajo seguro, dinero seguro, vida segura. «Y ciertamente, aun estimo todas las cosas como pérdida por la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor, por amor del cual lo he perdido todo, y lo tengo por basura, para ganar a Cristo». (Fil 3:8)

– Las personas tibias se conforman con un tiempo regular de devoción y se sienten culpables cuando no lo cumplen. «Anhela mi alma y aun ardientemente desea los atrios de Jehová;

Mi corazón y mi carne cantan al Dios vivo». (Fil 3:8)

– Las personas tibias cuando leen sobre el la bendición del justo y la maldición del impío en los Proverbios o la parábola del sembrador, siempre piensan que ellos son el justo y la tierra fertil. «Mas el publicano, estando lejos, no quería ni aun alzar los ojos al cielo, sino que se golpeaba el pecho, diciendo: Dios, sé propicio a mí, pecador». (Luc 18:13)

– Las personas tibias se sienten conformes con su vida moral, creen que no son tan fervorosos como otros pero tampoco son tan malos como los de afuera.

Recuerde que el fervor es cuando nuestro corazon se deleita con un amor desbordante por Dios. Entonces hacemos muchas cosas motivadas por el amor no por la oblicación.

Cuando dice: «¡Ojalá fueses frío…», no quiere decir que desea nuestra perdición, sino que hay más esperanza de salvación para alguien que aun está en tieneblas, que para alguien que está en la iglesia y se cree salvo pero no lo es.

La tibieza espiritual no sólo era un problema del primer siglo en Laodicea, también es un problema de nuestras iglesias hoy en día.

B. Pobreza espiritual (v. 17)

Algunos creyentes suponían equivocadamente que la abundancia de bienes materiales eran indicio de la bendición espiritual de Dios. Laodicea era una ciudad rica y la iglesia también lo era. Pero lo que la iglesia pudo ver y comprar llegó a ser más valioso para ellos que lo que no se ve y es eterno.

III. LA OFERTA DE GRACIA

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