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Enfrentando la epidemia

Enfrentando la epidemia

Ante las noticias de la pandemia mundial del coronavirus, es interesante ver las opiniones divididas y las reacciones variadas de muchos creyentes. Existen dos opiniones, los que creen y los que no creen que esto sea un problema real. Los que no creen que el coronavirus sea una epidemia real tienden a desarrollar toda clases de teorías de la conspiración, como que es una táctica del gobierno para mantenernos sometidos, o que fue un plan de China para comprar acciones a bajo costo en el mercado de valores. Algunos creyentes dicen que es una estrategia para cerrar las iglesias y poder detener nuestra libre expresión de religión. La verdad desconocemos todas estas cosas sin embargo esto no niega la realidad del coronavirus.

Esta enfermedad como lo explica el pastor teólogo y médico Miguel Núñez, ya había surgido en el año 2003 en China y diez años después en Arabia Saudita, pero fue contenida correctamente. Según el centro de control de enfermedades y la organización mundial de la salud, se han reportado cerca de 170,000 casos alrededor del mundo donde más de 11,000 han muerto a causa del virus.

De aquellos creyentes que están convencidos que esta epidemia mundial es una realidad, también tenemos dos posiciones divididas. Algunos que se sienten super-espirituales dicen cosas como «¡Si eres creyente, Dios no permitirá que el virus te toque»!, no tienes que hacer caso, puedes saludar de mano o con beso y no te va a suceder nada. «El avisado ve el mal y se esconde; Mas los simples pasan y reciben el daño». (Prv 22:3). Si esto es mentira y usted tuvo las precauciones, no habrá ningún problema, pero si esto es verdad y usted no tiene las precauciones, habrá consecuencias.

Y el otro extremo son aquellos que pierden la fe y viven en temor a que algo malo les pueda pasar, hacen compras alocadas por si el mundo se viene abajo. Ante una situación como la que estamos enfrentando a nivel mundial, es muy fácil perder la fe. Pero es justo en esos momentos donde debemos volver a Dios y recordar quién es él. Es por eso que queremos compartir con ustedes estos videos y animarlos a usar este tiempo de cuarentena como un medio de gracia para desarrollar una vida devocional personal y familiar.

¿Cómo podemos enfrentar la crisis que nos rodea?

I. Descansar en Dios

En varias ocasiones hemos dicho que Dios gobierna tanto el macrocosmos como microcosmos. «Todos los habitantes de la tierra son considerados como nada; y él hace según su voluntad en el ejército del cielo, y en los habitantes de la tierra, y no hay quien detenga su mano, y le diga: ¿Qué haces?» (Dan 4:35) Dios tiene todo el conocimiento y toda la autoridad sobre las fuerzas naturales y sobrenaturales de este mundo.

«Truena Dios maravillosamente con su voz; El hace grandes cosas, que nosotros no entendemos. Porque a la nieve dice: Desciende a la tierra; También a la llovizna, y a los aguaceros torrenciales». (Job 37:5-6)

Y puesto que Jesús es Dios, Jesús también tiene autoridad sobre las fuerzas naturales y sobrenaturales.

«Pero se levantó una gran tempestad de viento, y echaba las olas en la barca, de tal manera que ya se anegaba. Y él estaba en la popa, durmiendo sobre un cabezal; y le despertaron, y le dijeron: Maestro, ¿no tienes cuidado que perecemos? Y levantándose, reprendió al viento, y dijo al mar: Calla, enmudece. Y cesó el viento, y se hizo grande bonanza. Y les dijo: ¿Por qué estáis así amedrentados? ¿Cómo no tenéis fe? Entonces temieron con gran temor, y se decían el uno al otro: ¿Quién es éste, que aun el viento y el mar le obedecen?» (Mar 4:37-41)

Podemos decir lo mismo del coronavirus, Jesús sabe dónde comenzó, hacia dónde va y dónde va a terminar, él le ha puesto límite y el virus obedece al control soberano y amoroso de Dios. Se ha dicho que la pandemia del COVID-19 está fuera de control, pero usted y yo podemos estar tranquilos sabiendo que Dios tiene el control.

II. Temer a Dios

Hay un temor natural cuando escuchamos la palabra «Pandemia», y este temor se centra en el miedo a la muerte. Sin embargo, en Cristo la muerte ha sido vencida y ya no debemos temer. En 1 Corintios 15:55, ante la victoria de Cristo Pablo exclama «¿Dónde está, oh muerte, tu aguijón? ¿Dónde, oh sepulcro, tu victoria?».

«Así que, por cuanto los hijos participaron de carne y sangre, él también participó de lo mismo, para destruir por medio de la muerte al que tenía el imperio de la muerte, esto es, al diablo, y librar a todos los que por el temor de la muerte estaban durante toda la vida sujetos a servidumbre». (He 2:14-15)

A pesar de que hay un temor natural a la experiencia única y desconocida de la muerte, el creyente ya no teme en el sentido de que la muerte no representa mi realidad, la muerte no es mi final, mi realidad está en la victoria de Cristo sobre la cruz. Es por eso que el Señor Jesús animaba a sus discípulos con estas palabras Mateo 10:28 «Y no temáis a los que matan el cuerpo, más el alma no pueden matar; temed más bien a aquel que puede destruir el alma y el cuerpo en el infierno». ¿Qué es peor que una pandemia, o la muerte por causa de un virus? Hay algo peor, es enfrentar a un Dios santo y ser hallado culpable por nuestros pecados y sufrir la muerte eterna.

Esto es lo que el mundo necesita, más que una cura para el coronavirus (y sí la necesitamos), hay un problema más profundo llamado «pecado» y hay una necesidad eterna de la obra de Cristo para la salvación de sus almas|. El mundo necesita arrepentirse y volver a Dios.

CONCLUSIÓN

Quisiera terminar leyendo esta sección de Mateo 10:29-31 «¿No se venden dos pajarillos por un cuarto? Con todo, ni uno de ellos cae a tierra sin vuestro Padre. Pues aún vuestros cabellos están todos contados. Así que, no temáis; más valéis vosotros que muchos pajarillos». (Mat 10:29-31) El mismo Dios que puede destruir en el infierno también puede preservar a los que confían en él. No hay lugar para el temor cuando sabemos que estamos en el centro de la voluntad de Dios, no importa lo que nos rodee, necesitamos centrarnos en el amor de Dios, ese perfecto amor que echa fuera el temor.

Este es un tiempo de meditación, en nuestra propia fragilidad humana ante un virus tan pequeño, pero también es un tiempo de reflexionar en Dios y la eternidad. No deje que el temor le robe su gozo y seguridad en Cristo. Cuando se sienta de esa manera, recuerde siempre descansar en Dios y temer a Dios, viviendo en arrepentimiento y fe en el Señor.

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