21 de Febrero del 2016 | Jaime Escalante

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LA REALIDAD DE LA IMAGEN

La palabra griega «Yo soy» es ego eimi, que viene de Éxodo 3:14. El pueblo de Israel estaba en una situación desesperada. Dios se revela por su nombre diciendo «Yo soy». Para los judios expresaba una totalidad de intensidad. Lo que Dios les quería decir es «yo soy el Dios trascendente pero también inmanente». Dios no se había olvidado de su pueblo.

Cuando Jesús usa la frase Yo soy, es una afirmación de divinidad. Él está diciendo: «yo soy el Mesías, Dios mismo hecho carne» (Jn 1:1-3). Los discípulos tenían que recordar la grandeza del hijo de Dios.

En el griego se está enfatizando el sujeto del verbo, llamado la atención a Cristo para mostrarnos que él es el gran Salvador.

LA VID VERDADERA

La vid verdadera hace contraste con una vid falsa. Una vid que fracasó. Cristo es la realidad de las cosas que se habían manifestado de manera metafórica. La sombra de lo que había de venir. La vid que no cumplió su propósito es Israel (Is 5:7). El Señor había plantado a Israel como una vid pero obtuvo un fruto malo (Jer 2:21). No se trataba de añadir actos religiosos sino de ser una vid verdadera. Por eso Dios envío a su Hijo, para que nosotros podamos producir fruto. Necesitamos la justicia y la vida de Cristo.

«Y mi Padre es el labrador». Es la primera vez que Cristo se muestra en relación al Padre. El Padre está interesado en que la iglesia produzca frutos. El Padre y el Hijo están estrechamente relacionados el uno con el otro (Jn 10:30). Juan 15:9 el amor del Padre por el hijo debe influir hacia los creyentes.

LA ADVERTENCIA

La tarea del Padre como labrador es traer un cuchillo afilado para quitar las ramas que son infructuosas (Jn 15:2). Pero también el Padre amoroso tiene que producir dolor en las ramas para que puedan producir más fruto.

El fruto es la prueba de que existe una unidad vivificadora en la vid. En la vida del creyente habrá una evidencia de fruto continuo. Lo que Dios está buscando es fruto

Jesús es la vid y nosotros los pampanos, y lo que necesitamos con urgencia es saber que Dios siempre va a estar presente, y nuestra tarea es permanecer ligado a la vid. La vid no es la iglesia o la religiosidad. La vid es Cristo.

¿Cómo permanecemos en la vid?

Primero, permaneciendo en la certeza de su palabra (Col 3:16). Creer en la Palabra de Dios es ser transformado para pensar como Dios. Una mentalidad Bíblica y un corazón en armonía con la Palabra de Dios de tal manera que cuando oramos a Dios él nos contesta (Jn 15:7).

En segundo lugar, confiando en la certeza de su amor (Jn 15:9). ¿Cómo puedo recordar el amor sobrenatural de Dios? A través de la obra de la cruz. El evangelio es el poema del amor de Dios (Rom 5:8; 8:30-31). Dios no se reservó nada.


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