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La adoración que complace a Dios

En ocasiones se dice que Génesis 3:15 es el primer indicio del Evangelio. Esto sucede porque la enemistad entre la descendencia de la serpiente y la de la mujer anuncia el conflicto entre Cristo y Satanás. La maldición impuesta sobre la serpiente implica que la raza humana recibe la gracia y puede recuperarse de la Caída.

Génesis 4 nos muestra el pecado humano y su consecuencia lógica en las relaciones humanas. Caín rechaza el veredicto divino que declara inaceptable su ofrenda y, en cambio, acoge la de su hermano. Caín responde con ira hacia Abel, y lo mata. De este modo, se nos muestra el conflicto humano es consecuencia de su rompimiento con Dios.

Conoció Adán a su mujer Eva, la cual concibió y dio a luz a Caín, y dijo: Por voluntad de Jehová he adquirido[a] varón. Caín.  (obtenido o adquirido).  Al parecer Eva relacionó el nacimiento de su hijo con el cumplimiento inmediato de la promesa referente a la simiente, que debería herir la cabeza de la mujer.  Abel: Aliento o desvanecimiento.

I. Adorar a la manera de Dios.

Por el lenguaje usado, parece que Dios había dado instrucciones claras sobre las ofrendas. Abel ofreció conforme al plan redentor de Dios. Abel ofreció conforme al carácter de Dios (Hebreos 11:4)

Por la fe Abel ofreció a Dios más excelente sacrificio que Caín, por lo cual alcanzó testimonio de que era justo, dando Dios testimonio de sus ofrendas; y muerto, aún habla por ella. Caín no tenía temor de Dios en ninguna manera, ya que se llena de ira (1Ti 2:8; Mat 5:22).

Rechaza las advertencias de Dios, que en su misericordia le había hecho. Dios no solo le advierte del pecado a Caín, sino también le dice cómo debe escapar de él. Pronto en la historia de la caída humana y el pecado cobra dimensiones monstruosas. (1 Juan 3.12)

El Señor en su misericordia sigue buscando a Caín, esta vez para confrontarle por su terrible pecado, Caín se muestra sínico ante la confrontación de Dios. Las maldiciones por el pecado de Caín son más graves que las de su padre Adán.

Dios había maldecido anteriormente la tierra por causa de Adán, pero aquí Dios maldice al propio Caín. El juicio de Caín es el exilio (errante, huir sin descanso), a la manera de Israel, también sería indestructible, pero en Caín no se ve esperanza de restauración. Caín es un peligro para la el plan de redención del hombre y del resto de la creación. De hecho, Caín, solo expresa su temor a las consecuencias, pero nunca arrepentimiento por su terrible pecado.

II. Adorar enfocado en la gloria de Dios.

Abel por una parte escogió la vida como peregrino, era pasto de ovejas. Por su parte Caín decide establecer una ciudad con el nombre de su hijo, lo cual indicaba propiedad establecida, y disfrute del mundo tal como era.

La descendencia de Caín sique el mismo patrón de maldad y aun llega a ser más terrible, son hombres vengadores y ensañados, caracterizados por la vanidad y el orgullo de la vida. (Gen 4:23-24)

Hasta aquí parece que los hijos de Satanás han dado un golpe mortal, ¿Qué ha pasado con la promesa de Dios? ¿Dónde está la simiente que aplastaría al enemigo? (He 12:24). Dios compensa a Eva con otro descendiente, que trae nuevamente la esperanza de un salvador. Por cierto, su descendencia esta distinguida por temer y adorar al Señor.

Entonces los hombres comenzaron a invocar el nombre de Jehová.

III. Adorar caminando en la presencia de Dios.

Gen 5:22-24 Esta expresión es única en la Escritura, y excepto con referencia a Noé solo aparece de nuevo sobre la relación del sacerdote con Dios en el lugar santo (Mal 2:6). (He 11:5-6)

Cuando Enoc fue llevado solo Adán había muerto. Su arrebatamiento fue una profecía de juicio por una parte (Judas 1:14-15), y esperanzadora para el resto de los hombres que temían al Señor.

Gen 5:28-29; 1Co 15:51-52

Conclusión

Fuimos creados para adorar a Dios. Debemos adorarlo no solo durante los días de culto, mediante le canto congregacional, toda nuestro caminar debe ser un acto de adoración, haciendo cada cosa a la manera de Dios, según su voluntad establecida en las Escrituras. Debemos adorarlo, no aferrándonos al reconocimiento de los hombres ni a la vanagloria de esta vida, no atesorando las cosas que se ven, sino las celestiales. Finalmente debemos desarrollar una vida profunda y de cercanía con nuestro Señor, quien también debe ser nuestro amigo más íntimo.

¡Hagamos su voluntad por amor y confianza en Él!

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