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La autoridad de las escrituras en el discipulado

Nuestro llamado es mucho más elevado que simplemente llenar tarjetas de decisiones. El llamado es más amplio que una actividad anual, o semanal, o un programa bien estructurado de la iglesia. El evangelismo no es una actividad esporádica sino una vida que predica con las palabras y vive el evangelio cada día de su vida, e invita a otros a escuchar y vivir el evangelio. El evangelismo es un estilo de vida.

En el contexto de esta porción, Mateo nos deja ver algunos contrastes de los personajes secundarios de estas narraciones. Por ejemplo, vemos el contraste de la actitud de los discípulos cuando muere el Señor Jesucristo, ellos huyeron. Y después vemos a José de Arimatea, un discípulo secreto que aparece. ¿Dónde estaba Pedro? ¿O aquellos tres cercanos a Jesús? Mateo nos contrasta la cobardía de los 11 y del valor de los menos conocidos o desapercibidos, incluso las propias mujeres, aquellas primeras que van al sepulcro.

También vemos en la narración de los otros evangelios, que Mateo 28:16-20 está enmarcada por eventos que sucedieron después de la resurrección de Jesús. En los evangelios encontramos diez apariciones de Jesús, dos de ellas fueron a los once discípulos, y la forma en la que lo describe Mateo nos deja ver la misericordia del Señor Jesús en medio de la cobardía e incredulidad de los discípulos. Este rey eterno tiene misericordia y muestra su autoridad a estos incrédulos.

Mateo 28:10, 16 Se da una orden a las mujeres, a la que los discípulos atienden. En la aparición anterior, los discípulos vieron a Tomás meter sus dedos en las heridas de las manos y el costado de Jesús. El testimonio de muchos testigos anunciaba con vehemencia que Jesús había resucitado. ¡Ellos lo habían visto pero aún dudaban! (Mat 28:17). Jesús les pidió ir al monte, aquel en el que les había convocado por primera vez cuando predicó su primer sermón. Fue ahí donde él quería disipar sus dudas.

Mateo nos está mostrando a Jesucristo como superior a todos los líderes de la antigüedad ¡Él es el cumplimiento de todos los eventos del pasado! No hay otro hombre que haya resucitado de entre los muertos y que tenga un corazón tan compasivo. Este Rey conoce tú incredulidad, tu temor, y a pesar de eso, ese rey viene y te busca. Él sigue mostrando misericordia y compasión, gracia infinita a sus infieles discípulos. El Señor les va a convocar, no porque haya valentía en ellos, sino por la urgencia del mensaje que debe ser predicado.

v. 17 «algunos dudaban…» «…y Jesús se acercó…» (v. 18). Cuando leemos el pasaje, por lo menos nos damos cuenta que hay cuatro verbos: Ir, hacer, bautizar, enseñar. Sin embargo, hay uno de ellos que es el verbo principal, porque está en imperativo: «Haced discípulos». Todo lo que hacemos tiene el propósito de hacer discípulos, porque el corazón de Dios es seguir llamando a sus escogidos.

Nuestra misión es ser instrumentos fieles y obedientes para cumplir la comisión de hacer discípulos. Dios en su gracia se reveló en Cristo para ser el Señor de la vida de sus discípulos, y todos los que decimos ser seguidores de Cristo, debemos recordar esta comisión. Todos los discípulos tienen que hacer discípulos.

Un discípulo es un aprendiz, un alumno, uno que está siendo conformado a su maestro. Quizá pensamos que no somos un buen maestro, pero tenemos al mejor maestro, y podemos reflejar su gloria. Podemos fallar, así como los once que estuvieron frente a él y lo abandonaron. No es en base a tu capacidad, sino en base al carácter tierno del maestro que hacemos discípulos. Hacer discípulos es vivir la vida y proclamar el evangelio. Eso tiene implicaciones en la mente y corazón de las personas, la verdad aprendida, tiene que ser la verdad aplicada y vivida.

Si tú quieres hacer discípulos, no basta sólo con tener información teológica, sino con mostrar cómo las verdades del evangelio han transformado nuestra vida. El discipulado es más que dar instrucción académica, es mostrar cómo el evangelio nos transforma también a nosotros. El discipulado es dejar que alguien se meta a mi vida y yo me meta a su vida, para caminar juntos a la imagen de Cristo. Por eso no es un programa.

Como familia, tenemos el privilegio de mostrar a nuestros hijos o a nuestro cónyuge del privilegio del amor y la gracia de Dios.

Porque Dios nos ha mandado a hacer discípulos, tú debes obedecer a ese mandato

1. Confiando en su autoridad soberana

Mateo 28:18 Tu debes hacer discípulos y obedecer a este mandato confiando en su potestad soberana. Jesús está reclamando para sí, todo el poder y derecho para ejercer todo poder sobre el cielo y la tierra. No hay nada fuera de su autoridad y control soberano. Esto sucede después de su resurrección, es aquí donde el Señor les manda a hacer discípulos porque él no hay un sólo lugar en la tierra donde él no tenga poder. Es vital para los discípulos recordar quién les está llamando.

“No hay un solo centímetro cuadrado en todos los dominios de la existencia humana sobre el cual Cristo, que es soberano, sobre todo, no clame: ¡Es mío!” Abraham Kuyper (1837-1920).

2. Confiando en su presencia personal

Mateo 28:20 «… [Y]o estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. Amén.» No hay día ni segundo en el que Él se separe de nosotros. Piensa en cuán refrescante es esta verdad. Nosotros no hacemos discípulos por presión, o por presión, sino porque él está en ti cada día de tu vida para hacer discípulos. No hay absolutamente nada que te haga falta si lo tienes a él. Él es suficiente y por eso clamamos la belleza de su gloria.

Mateo 28:19 Los discípulos se deben hacer a todas las naciones. ¿Llegaron ellos hasta allá? No; pero ellos fueron guiados por la voluntad soberana de Dios (Hch 1:8, 8:1). Aunque no estamos en una persecución, debemos ser catalizadores de las misiones internacionales. Hay misioneros que trabajan años sin ver una sola alma convertida al evangelio, y nosotros podemos orar por esos hombres, pero también debemos orar por las misiones. Mateo 9:37 El Señor nos llama a orar para que el dueño de la cosecha provea obreros. Aún ahí podemos ser parte del llamado a hacer discípulos.

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