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La ayuda del Espíritu

La ayuda del Espíritu

Nuestro problema no es saber lo que tenemos que hacer sino obedecer. Esta es la lucha en el camino de la santificación.

Este era el problema de Pablo en el capítulo 7 (v 21-23). La lucha entre la carne y el espíritu que lo hace sentirse miserable y buscar la ayuda divina. ¿Qué ha hecho Dios para ayudarnos en nuestra lucha? (vv. 1-4). Él envió a su hijo. Cristo venció el pecado y la carne en su cuerpo para que nosotros ya no andemos en la carne, porque estamos unidos a Él. Hemos sido unidos a Él y por eso ya no hay condenación. 1. Primeramente ya no hay condenación futura por el pecado que cometimos. 2. Ya no hay condenación presente por el pecado que cometemos. A veces sufriremos la lucha entre la carne y el espíritu, y muchas veces la carne va a ganar, pero a pesar de esto yo no debo de vivir con sentimientos de culpa o auto condenación porque Cristo ya pago por todos mis pecados. Cristo pagó por todos mis pecados y me dio su justicia, por tanto “ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús”.

Y no solo eso, sino que así como él lo prometió, también nos dio su Espíritu, el consolador que estaría a lado de nosotros en la lucha espiritual. Como aquel granjero que tiene una caterpilar D6 para arar su campo, pero él sigue saliendo a trabajar con sus herramientas manuales. Dios nos ha provisto de la ayuda del Espíritu para hacer lo que no podemos lograr en nuestras propias fuerzas. Como

I. ME AYUDA A VENCER EL PECADO (vv. 5-9)

(vv. 5-6) Hay una batalla entre la carne y el espíritu, y el campo de batalla es la mente (en toda persona que está en el camino de la santidad). El diablo sabe que si gana en nuestra mente, ganará en todas las áreas de nuestra vida, esto nos recuerda Romanos 12:2. (2 Cor 10:5) Sin embargo, lo que tenemos que hacer es derribar estos argumentos y llevar todo pensamiento cautivo a la obediencia a Cristo.

¿Qué es en lo que más piensa? Es curioso que a veces no pensamos en las cosas que pensamos. (Fil 4:8) Si no piensas en estas cosas entonces no obedeces a Dios y no agradas a Dios (v. 7-8). (Gal 6:7-8) El pecado es el resultado de estar pensando constantemente en algo (Personas que caen en adulterio, vicios, odio, amargura, frustración). ¿Cómo puedo vencer a mi carne? (v. 9) No debemos vivir según la carne porque el Espíritu de Dios mora en nosotros.

A. Por su poder (vv. 9-11).

Romanos 8:10. (v. 11) Esto tiene dos enfoques. El primero es una esperanza futura largo plazo. Algún día este cuerpo mortal será transformado y echo semejante al de Cristo (1 Co 15:53…). El segundo enfoque es futuro a corto plazo. Vivificarme quiere decir que ahora mi cuerpo será útil (6:19). Quizás el pecado pasado ha dejado cicatrices en nuestra vida como enfermedad por algún vicio, remordimiento o amargura, o tal vez algunas de esas cicatrices son físicas. Tal vez está luchando con un pecado justo ahora, pero el Señor quiere restaurarle, vivificarle por medio de su Espíritu que mora en nosotros. Él puede hacerlo (v. 11).

B. Por la obra de su Espíritu (vv. 12-13).

Muchos no hemos aprendido a usar la gran herramienta que Dios nos ha dado para derrotar nuestro pecado (v13): “El Espíritu Santo”. O muchas veces intentamos solucionar nuestros problemas con nuestras propias fuerzas y acabamos frustrados, como el que quiere cortar una lámina de zinc con unas tijeritas de preescolar (Lucha con sus pensamientos, su carácter, un pecado oculto, con la inmoralidad, la murmuración). Dios nos da su Espíritu para vencer el pecado.

II. ME AYUDA A VIVIR COMO HIJO DE DIOS (vv. 14-17)

No pensemos que todo va a ser bonito en esta vida sólo por ser hijo de Dios, sino que vendrán los problemas. El Espíritu nos hace clamar ¡Abba! ¡Papi! Es un clamor de un hijo que busca refugiarse en su padre. Somos herederos con Cristo, cada vez que se encuentre en un problema vaya a su padre celestial, cada vez que esté pasando por padecimientos vaya a los brazos de su padre y dígale: “Papi, te necesito”.

A. Me ayuda a vivir en esperanza (vv. 14-25).

En estos versículos se repiten las palabras “aguardar” y “esperanza”. El Espíritu Santo nos sostiene en esperanza. En Génesis vimos que la tierra fue maldita por causa del pecado del hombre. Los terremotos, tsunamis, cambios climáticos y tantas catástrofes por los que muere muchas personas, es resultado del pecado. Pero también es la creación gimiendo de dolor hasta esperando que Cristo venga y restaure lo que el pecado destruyo. Es a lo que Apocalipsis llama “cielo nuevo y tierra nueva”.

También nosotros gemimos, sufrimos enfermedades, dolores, hambre, calor o frío, sufrimos por el temor, y sufrimos por causa de nuestro propio pecado. Nosotros gemimos al igual que la creación (otras personas) pero gemimos con esperanza. La esperanza futura es mayor que las aflicciones presentes. (2 Cor 5:1-3).

B. Me ayuda en mi comunión con Dios (vv. 26-27)

Como seres humanos pecadores somos débiles y no sabemos pedir. Nuestras oraciones siempre estarán arrastrando pecados como el egoísmo. Muchas veces enfrentamos fracasos en nuestra vida de oración. Sin embargo, el Espíritu nos ayuda en esta debilidad.

No quiere decir que puedo orar como yo quiera. (Ef 6:18) Esto es “orar en el espíritu”. El Espíritu Santo me ayuda, esto quiere decir que está a mi lado para ayudarme a orar conforme a la voluntad de Dios, y entre más estoy conectado en la oración con el Padre por su espíritu, más confianza tendré de que Dios oirá mis oraciones (1 Jn 5:14-15). Pero también el Espíritu toma esa oración y la lleva al Padre e intercede por nosotros para guiarnos a la voluntad de Dios.

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