23 de Marzo del 2014 | Romanos 3:21-25 | Ernesto Mendoza

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¿Sabe lo que es el clímax en una película? Es el momento de mayor tensión, en donde el protagonista esta acorralado, a punto de morir y no puede hacer nada para librarse. Es como de esas situaciones en que se encuentra entre la espada y la pared. De repente algo pasa y el protagonista logra librarse de la situación salir ileso.

Ahora Pablo nos esta llevando al momento de mayor tensión en Romanos, donde el hombre esta atrapado y sin salida ante el juicio de Dios por el pecado (v. 19). Todos estamos bajo la ley de Dios ya que tenemos que obedecerla, sin embargo todos hemos violado su ley y lo único que se espera por desobedecer la ley es la justa ira de Dios. Nuestro problema es que muchas veces no sentimos la necesidad de Cristo y su obra en la cruz, porque no nos sentimos pecadores. El mayor engaño de Satanás es hacernos creer que no somos tan malos. Sabe que si logra esto, nunca buscaremos al Señor continuamente. Reducimos el pecado a simples actos como robar, matar, mentir; Pero Jesús dijo: “Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente” (Mt 22:37). La realidad nunca amamos así al Señor, muchas veces tenemos que reconocer que hay otras cosas que amamos más que a Dios. La batalla más grande de cada cristiano es reconocer nuestro pecado y reconocer que necesitamos desesperadamente al Salvador.

Aquí esta el clímax ¡La sentencia se ha dado! El hombre es culpable de todos los cargos y no tiene salida. ¿Qué sucede entonces? ¿Cómo podrá salvarse el hombre? Job 25:4 “¿Cómo, pues, se justificará el hombre para con Dios? ¿Y cómo será limpio el que nace de mujer?” Es entonces cuando Dios interviene y revela su justicia (vv. 21-22). Porque Dios te da su justicia por medio de la fe en Jesucristo, tú puedes ser hallado justo delante de Dios. La intervención de Divina cuando todo parecía perdido. ¿Qué es la justicia de Dios? ¿A qué se refiere con que Dios nos da su justicia?

I. LA DESCRIPCIÓN DE LA JUSTICIA DE DIOS (VV. 21-22).

A. Es diferente a la ley (v. 21a). La ley son los mandamientos y el estándar de vida que Dios quiso dar a su pueblo por mano de sus profetas. Los judíos no entendieron el propósito de la ley. Pensaban que si obedecían todos los mandamientos de Dios iban a ser salvos, pero la ley nunca fue dada para salvar. El propósito de la ley era mostrar cuán imposible es para el hombre, en su propio esfuerzo, vivir a la altura de los estándares de Dios. Dios exige una obediencia perfecta, pero nadie puede obedecer perfectamente la ley, por lo tanto la ley nunca puede salvar. ¿Cuál es el propósito de la ley? (Ro 3:20). Muestra el pecado, como a los niños pequeños cuando se les dice que no hagan algo y más lo hacen. Nos muestra cuán pecadores somos con un propósito, el que deseemos un redentor, un ayudador.

B. Es Bíblica (v. 21b). No es un nuevo mensaje o un evangelio diferente como algunos predicaban, era el mensaje de las escrituras. Como ya hemos dicho, las escrituras apuntaban al Mesías que vendría a cumplir la ley y a hacer justicia perfecta (Jn 5:39; Lc 24:27; Gá. 3:24). Cristo es el mensaje pero ahora, ¿Cómo puedo obtener la justicia que Cristo ya ganó en mi favor?

C. Es por la fe (v. 22a). La condición que Dios exige es “creer”. ¿Por qué por la fe? ¿Por qué no es por amor a Cristo? ¿Por qué no es honrar a Cristo? ¿o por la obediencia? ¿Qué hace de la fe algo diferente de las otras virtudes? La respuesta es que todas las virtudes exigen algo de mi parte (Amar, honrar, obedecer, etc.). Pero la fe es una virtud receptora. Yo no necesito hacer nada para creer, es una disposición del corazón a recibir no dar (Jn. 1:12; 6:28-29).

D. Es para todos (v. 22b-23). Ahora Pablo nos muestra el alcance de la salvación y la justicia que Dios da: Esta disponible para todos los que creen en Jesucristo como Señor y Salvador (Hch. 13:39). No importa que sea el peor de los pecadores. Así como nadie es lo suficientemente bueno para salvarse, así nadie es tan malo como para que no pueda ser salvado.

II. LA APLICACIÓN DE LA JUSTICIA DE DIOS (VV. 24-25).

Cuando estudiaba en la secundaria, obtenía justificantes. Así aunque no fuera a la escuela, comoquiera tenía mi asistencia. La justificación funciona de manera similar. Las demandas de la ley quedan satisfechas a mi favor sin haberlo ganado ni merecido (v.24a). ¿Cómo lo hizo Dios? ¿Qué fue lo que le costó a Él?

A. Cristo pagó el rescate (v. 24b). La palabra redención se refiere a pagar el precio, como si alguien le pagara una deuda. Cuando hablamos de Cristo debemos estar seguros de que las personas entiendan que tienen una deuda, porque muchas veces no lo saben o no se sienten responsables. A veces presentamos el evangelio y no le hacemos ver al pecador su pecado. (1 Cor. 6:20; Mr 10:45). Gálatas 3:10-13. (v. 10) La ley exigía la muerte de aquel que no cumpliera no todo lo prescrito en ella (Ro 6:23), esto es la maldición de la ley. Sin embargo Cristo pago el precio que la ley me exigía a mí por no cumplirla, tomando mi lugar en la cruz y dándome el perdón de todos mis pecados (Ef 1:7).

B. Cristo calmó la ira de Dios (v. 25a). La palabra propiciación esta muy relacionada con el propiciatorio, en donde el sacerdote entraba una vez al año después de ofrecer el cordero por los pecados del pueblo. Esta palabra tiene la idea de apaciguar o calmar la ira, y nos habla de la obra de Cristo en calmar la ira de Dios ¿por qué se tenía que hacer esto? Porque Dios es santo y Él aborrece el pecado (He 10:31). Cristo sufrió el infierno en mi lugar. Solo alguien eterno podía cargar con el castigo eterno y en tres días satisfacer la ira de Dios. Solo Cristo pudo hacerlo (Ap. 5.6-9).

“El hombre es absolutamente incapaz de satisfacer la justicia de Dios a no ser que pase la eternidad en el infierno” (John McArthur). Es por eso que el infierno es eterno, es el castigo santo y justo de Dios por el pecado (Ap 14:10-11)

III. EL PROPÓSITO DE LA JUSTICIA DE DIOS (VV. 25b-31)

A. Él es justo (vv. 25b-26). Dios es un juez justo y él no puede simplemente pasar por alto la ofensa. Si un juez pasara por algo algun crimen sólo porque la persona normalmente sea una persona buena, sería considerado un juez injusto.
Hoy en día el diáblo nos acusa constantemente delante del Señor por nuestros pecados. Sin embargo Cristo tiene el ministerio de intercesión (1 Jn 2:1-2). Dios defiende su justicia en Cristo, y de esta manera muestra que Él es un Dios justo.

B. Él es el que justifica (vv. 26-28). Como ya vimos Dios justifica al que cree en Cristo, al que le recibe. Esto es verdad no solo para los que vivimos después de Cristo, sino también para lo que vivieron antes de Cristo. La cruz de Cristo es el centro y el único medio para tener la salvación. Este es el evangelio.

Cuando nos sintamos acusados por nuestro pecado o tentados por las acusaciones de satanás, debemos recordar que «ya no hay condenación para los que están en Cristo Jesús» (Ro 8:1). Recuerde que el Señor es nuestra justicia, y a través de él tenemos esperanza (Jer 23:6)


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