27 de Septiembre del 2015 | Ernesto Mendoza


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Muchas veces como pastores no nos gusta mucho tocar el tema de los diezmos debido al abuso que muchas iglesias han hecho en cuanto a este tema con el creciente evangelio de la prosperidad. Muchos pastores dicen que el diezmo debe ser para el pastor y las ofrendas para la iglesia. Algunos enfatizan más el dar que el corazón del dar (no importa si está enfermo, debe mandar su diezmo).

Esta enseñanza que se ha infiltrado en las iglesias en las últimas décadas ha creado creyentes que crecen con una perspectiva incorrecta en la cuestión del dar afectando incluso también a los incrédulos. Creyentes dan su dinero sólo para sacarle la bendición a Dios. También vemos en la práctica a creyentes que dan sólo para evitar el castigo de Dios (Dios tiene maneras de sacarte el diezmo: Auto descompuesto, gastos en la casa o la salud). Es como una renta.

Sin embargo el diezmo es algo que tenemos que ver a la luz de la Biblia, y sobre todo como una iglesia Bíblica necesitamos ver la perspectiva general del plan de Dios para nuestras finanzas.

Los dos pactos

Cuando vemos la Biblia encontramos dos grandes divisiones: Antiguo Testamento y Nuevo Testamento. Estos nos hablan del antiguo pacto y el nuevo pacto. Un pacto es donde Dios establece los parámetros de la manera en la que él relaciona con su pueblo para mostrar su gloria. Como el acta de bodas.

El antiguo pacto era un pacto bilateral, o sea, que había un compromiso de las dos partes (Dios-hombre): Si tu obedeces recibes bendición, si desobedeces recibes maldición (Dt 11:26-29). Esto es detallado más adelante (Dt 27-28). Es por eso que el Antiguo Testamento nos habla mucho del bienestar y las riquezas como el resultado de la obediencia (Dt 29:9; Jos 1:8; Sal 112:1-3; Mal 3:10).

Pero el pueblo desobedeció y trajo la maldición sobre Israel. Así que Dios decidió hacer un nuevo pacto. Un poco diferente. Ya no sería un pacto bilateral (Bendiciones y maldiciones), ahora sería un pacto unilateral (Jer 31:31-34; 32:39-40).

La gloria de Dios.

La manera en la que Dios quería mostrar su gloria en el antiguo pacto era a través de bendecir tanto a su pueblo que las otras naciones buscaran a Dios y desearan refugiarse en el Dios de Israel. (1 R 10) «Jehová tu Dios sea bendito, que se agradó de ti para ponerte en el trono de Israel; porque Jehová ha amado siempre a Israel, te ha puesto por rey, para que hagas derecho y justicia» (1 R 10:9; Mal 3:12).

Sin embargo en el Nuevo Testamento hubo un cambio en la manera de trabajar. Dios ya no mostraría su gloria a través de la bendición abundante sobre su pueblo sino a través del sufrimiento de su pueblo (Mat 5:10-12; Hch 14:22; 1 Tim 4:10; 1 Pe 2:21.

La manera en la que Dios muestra su gloria en el pueblo del Nuevo Pacto no es a través de darle bendición abundante sino cuando el pueblo de Dios encuentra su gozo y satisfacción en Dios en medio de la aflicción. En el antiguo pacto las personas veían la grandeza del Dios de Isarel por la bendición del pueblo y decían: «Yo quiero el Dios que ellos tienen». Pero en el nuevo pacto, las personas deben ver la grandeza de nuestro Dios al ver cristianos que están gozosos, complentos en Cristo, aún en medio de la pobreza, en medio de la perdida de un hijo, en medio del cáncer, al ver nuestra actitud en el sufrimiento las personas deben decir: «Yo quiero el Dios que ellos tienen». El plan es el mismo. La manera de trabajar es diferente.

Al tener ya esta perspectiva, podemos entrar con confianza al tema del diezmo. El diezmo fue establecido en la ley de Moisés dada por Dios en el Sinaí, y repetida en Deuteronomio, para la segunda generación que iba a entrar en la tierra prometida. Veremos tres aspectos del diezmo en relación a la ley de Moisés.

I. El diezmo antes de la ley

En la antigüedad el diezmo era un impuesto que los reyes ponían sobre las naciones sometidas. El tributo que todos tenían que pagar, algo así como el IVA. Era algo común en la época. En el tiempo bíblico del Antiguo Testamento el diezmo era una forma de agradecer a Dios por el favor obtenido.

A. El ejemplo de Abraham. Gen 14:20 Abraham dio el diezmo de lo que había ganado en Señal de agradecimiento a Dios por la victoria obtenida. Fue una decisión voluntaria y no por mandato u obligación.

B. El ejemplo de Jacob. Gen 28:22 Despues de recibir la promesa, Jacob hizo voto y prometió darle al Señor los diezmos de todo lo que le diera.

Entonces antes de la ley, el diezmo sólo era una forma de darle las gracias a Dios por sus favores inmerecidos. No era una regla o una obligación sino algo voluntario.

II. El diezmo en la ley

Cuando llegamos a Éxodo, Levítico y Deuteronomio, el uso del diezmo cambio. El diezmo llegó a formalizarse para el pueblo de Israel en las leyes prescritas por Dios a través de Moisés. Pero no era un sólo diezmo sino tres diezmos los que se tenían que dar:

A. El diezmo levítico (Lev 27:30-33). Cada año el israelita tenía que dar el 10% de todo lo que poseía (Del fruto de los árboles y de las vacas). Este diezmo era dado a los levitas (Num 18:21, 26)
B. El diezmo festivo (Dt 14:22-25). Cada año se debía llevar un diezmo a la fiesta y usarlo en la fiesta.
C. El diezmo trianual (Dt 14:28-29; 26:12). Era dado a los pobres, las viudas y al extranjero.

Un total de 23.3% Esto aparte de las ofrendas para el holocausto, ofrendas de paz y las ofrendas voluntarias.

La ley del diezmo del antiguo pacto fue la provisión de Dios para satisfacer las necesidades materiales de los sacerdotes de la tribu de Leví. Ellos necesitaban apoyo para ministrar en el templo y suplir las necesidades de los pobres

III. El diezmo después de la ley

Cuando llegamos al Nuevo Testamento, descubrimos que hay un cambio para el uso del diezmo entre la comunidad del Nuevo Pacto. Cuando usted busca en su Nuevo Testamento la palabra diezmo o referencias al diezmar va a encontrar muy pocas referencias. De hecho en general sólo son dos referencias:

A. El diezmo fariseo (Mat 23:23; Luc 11:42; 18:12).
Al estar bajo la ley, los Israelitas seguían dando sus diezmos. Sin embargo Jesús los regañó por dar tanta atención a los detalles de la ley y por no dar atención a las cosas más importantes como el amor y la justicia. Lo importante no era cuánto daban sino el corazón con el que daban.

B. El diezmo de Abraham (Hebreos 7). Pero este pasaje es una referencia de Génesis 14 que es cuando Abraham da su diezmo a Melquisedec, y esto antes de la ley.

Y eso es todo. Ya no hay más del diezmo en el Nuevo Testamento. Jesús nunca mando a diezmar. Jesús nunca regañó a sus discípulos por no diezmar. Eso es todo.

¿Por qué no se nos dan más instrucciones del diezmo? ¿Por qué no tenemos más referencias? Por una simple razón, porque el diezmo fue instituido en la ley del Antiguo Pacto y nosotros ya no estamos bajo la ley sino bajo la gracia.
– Jn 1:17 «Pues la ley por medio de Moisés fue dada, pero la gracia y la verdad vinieron por medio de Jesucristo».
– Ro 6:14 «Porque el pecado no se enseñoreará de vosotros; pues no estáis bajo la ley, sino bajo la gracia»
– Gal 3:23-25 «Pero antes que viniese la fe, estábamos confinados bajo la ley, encerrados para aquella fe que iba a ser revelada. De manera que la ley ha sido nuestro ayo, para llevarnos a Cristo, a fin de que fuésemos justificados por la fe. Pero venida la fe, ya no estamos bajo ayo.
– Heb 8:13 «Al decir: Nuevo pacto, ha dado por viejo al primero; y lo que se da por viejo y se envejece, está próximo a desaparecer».

Como comunidad del Nuevo Pacto ya no estamos obligados a cumplir la ley, incluyendo la ley del diezmo. Existe una regla hermenéutica que dice que si hay un mandato prescrito en la ley que no está repetido en el N.T., entonces no está autorizado sobre el Creyente.

¿Entonces cómo creyentes no tenemos que dar dinero a la iglesia? No es lo que estoy diciendo, lo que estoy diciendo es que el diezmo no es una ley o una obligación para el creyente, sin embargo en el Nuevo Testamento sí tenemos muchos mandamientos sobre el dar dinero.

¿Por qué damos el diezmo si no es una obligación para el creyente? La iglesia cristiana básicamente ha tomado la figura del 10% del diezmo del Antiguo Testamento, y la ha aplicado como un “mínimo recomendado” para los cristianos en su ofrendar. Son nuestras llantitas de aprendizaje. Es una manera de ayudarnos a administrar nuestro dinero para que aprendamos a dar para la obra de Dios.

¿Quiere glorificar a Dios con sus finanzas? Comience por el diezmo, pero no se quedé ahí como los fariseos. Siempre vaya por más. Nunca vea el diezmo como el máximo sino como el mínimo.

1 ¿Para qué debemos dar?
– Para los líderes (1 Ti 5:17-18; 1 Cor 9:9-12)
– Para los pobres (Hech 11:29; Rom 15:26; 1 Cor 16:1-2)
– Para la obra del evangelio (Fil 1:5; 4:14-18)

2 ¿Cómo debemos dar?
– Voluntariamente. (2 Cor 9:7) (No hay una cantidad prescrita)
– Proporcional a lo que tenemos. (1 Cor 16:2; 2 Cor 8:12)
– Con alegría (2 Cor 9:7).
– Con regularidad (1 Cor 16:2).
– Debemos dar de sacrificio (2 Cor 8:1-2; Mar 12:43-44)

Dios nos da recursos para usarlos e invertirlos para El.

TEMAS: Diezmo, dinero, finanzas, administración, dar, ofrendar

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