19 de Octubre del 2014 | Salmo 138:8 | Ernesto Mendoza

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Aquí se establece dos hechos fundamentales: Dios tiene un propósito para mi y ese propósito únicamente se encuentra en Dios. Ambas verdades se combinan para convertirse en ese profundo y maravilloso concepto teológico que llamamos «providencia.» La palabra era mucho más común hace siglos de lo que es hoy en día, pero su relevancia nunca ha disminuido. Su significado capta la relación de Dios con el mundo creado, esto es, que conserva el orden de todas las cosas y los guía hacia su final previsto.

Providencia es la soberanía de Dios hecho palpable. Es la manifestación exterior de su poder y autoridad para sus hijos en el espacio y el tiempo, cosas como, las cosas que ha previsto, el aire que respiramos y todo lo que nos rodea. La providencia es observada, experimentada, probada. Incluso podemos decir que es el término cristiano distintivo para hablar de la realidad.

Puesto que Dios es soberano, y este mundo es suyo, entonces cada momento, en cierto sentido, es un momento de la providencia. Dondequiera que usted se encuentre, ha llegado allí por el proceso de los acontecimientos que él ordenó. Cada momento pasado de tu vida le ha traído hasta donde está ahora. Lo mismo sucederá esta noche, y mañana, y diez años en el futuro. Nuestra experiencia de la providencia es nuestra experiencia del presente, que sabemos que se ha tejido maravillosamente por un Dios soberano.

Y porque Dios está detrás de todo, nosotros, como los que están unidos a Cristo por la fe, estamos seguros de esto: la providencia de Dios no se equivoca ni nos deja ir, nunca.

1. Su propósito

Rara vez se siente como si todo acontecimiento en nuestras vidas fuera para nuestro bien. Pero la providencia, en sus movimientos misteriosos, derrota los argumentos acerca de cómo nos podemos sentir y guía nuestra fe a Dios que está haciendo «mucho más abundantemente de lo que pedimos o entendemos», o lo que pensamos. Este obrar, ya sea visto o no visto, ya sea doloroso o no, nos da una esperanza. Un día seremos como Cristo.

El objetivo de Dios, después de todo, es que estamos conformados a la imagen de Jesús. Esta es su
decreto y su promesa, nos ha elegido para esto antes de la fundación del mundo y nos ha prometido que todas las cosas cooperan para que se cumpla este propósito (Rom 8: 28-30).

La providencia de Dios es la ejecución de ese decreto y promesa, según explica el puritano John Flavel. De hecho, nunca pasa nada en el universo que está fuera del cumplimiento de ese decreto y promesa. Nada. No hay ni un solo incidente, o la tragedia, que se traducirá en algo que no sea el «verdadero interés y el bien de los santos» (El misterio de la Providencia, 19).

Dios nunca se equivoca. Él no tambalea o se pierde. Cada detalle de nuestros días están en el plan cuidadoso de un Dios soberano. E incluso cuando todo parece perdido y sin esperanza, debemos recordar que es Él quien está en perfecto control (Rom 4:17) – y él lo hará por usted.

2. Su enfoque

Dios no solamente está trabajando para nuestro bien, sino que no descansará hasta que haya terminado ese trabajo. La providencia de Dios siempre está en acción para lograr su objetivo.

Él hace todo lo que le place, ninguno de sus planes puede ser frustrado y «no hay quien detenga su mano» (Psa 115: 3; Job 42:2; Dan 4:35) – estas palabras acerca de Dios son garantías de que va a terminar lo que empezó en nosotros (Phil 1: 6). Nada puede separarnos de su amor por nosotros en Cristo (Rom 8:39), y nada le puede distraer, ni la más simple de las circunstancias de dar en el blanco de nuestra transformación. No hay estancamientos con Dios. Él no pospone las cosas. Ánimo, Dios está cumpliendo su propósito para ti.


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