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La tarea de la confrontación

Domingo 16 Febrero del 2014 | 2 Samuel 12:1-15 | Iván Bernal

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A todos nos gustan las tareas fáciles. Hay cosas que no son difíciles en la vida cristiana, como venir a la iglesia o saludar a los hermanos. Pero una tarea muy difícil es la confrontación. Confrontar es estar frente a una persona para hacerle la observación de una falta que ha cometido, con la intención de que esta persona pueda corregirla. La confrontación no es juzgar o herir, sino mostrar amor hacia otra persona. Ayudar a una persona a mejorar su relación con Dios.

Llegara un momento en que nosotros vamos a ocupar de la confrontación. En algún problema quizás podemos ser neutrales, pero tarde o temprano tomaremos un partido. En este pasaje estamos hablado del rey David. ¿Quién se atrevería a decirle al rey que había hecho algo mal?
Hechos 5:1-4. David cayó en pecado de fornicación y asesinato. En este pasaje ahora Ananías y Zafira cayeron en el pecado de la mentira.

Aunque la confrontación es tarea difícil, es importante porque revela el pecado de una persona. El pecado tiende a insensibilizar una actitud, tal vez no es asesinato o robo, pero es una persona que habla con sarcasmo o tiene actitudes incorrectas. Sin embargo el pecado insensibiliza. (Ef 4:17-19)

El pecado demanda una degeneración progresiva (2 Sam 11:14-15). El pecado de David fue progresando. El pecado progresa ya e degenera. En los adolescentes es más notoria algunas actitudes que tienen que ser confrontadas. En una iglesia las personas crecen espiritualmente a ritmos diferentes, y quizás nosotros podemos ser el medio que Dios use para ayudarles. De esta manera trabajamos para el bien espiritual de otra persona. Lo mismo puede suceder e nuestra vida familiar.

Cuando matan confronta a David, él reconoce su pecado. «Ahora que lo mencionas así, entiendo que verdaderamente he pecado contra Jehová». La confrontación puede mostrar a alguien un pecado que le está dominando.

La confrontación advierte a otros a no pecar.

Cuando las personas vieron lo que sucedió con Ananías y Zafira, entonces temieron por causa de lo que había sucedido. Las personas toman conciencia en que no pueden a hacer algo en contra de Jehová sin esperar una consecuencia.

El Espíritu Santo arregla cuentas con el que comente alguna falta. Cuando pasamos por algo algún problema y en lugar de corregir, nos comenzamos a reír, no se está mostrando entonces el carácter del Señor. El problema hoy en día es que el nombre de Dios se usa demasiado en vano.

La confrontación es la responsabilidad de un creyente hacerlo.

Al hacerlo estamos alineando nuestro carácter con el carácter de Dios. ¿Cómo reaccionamos cuando en nuestra familia se hace algo que no agrada al Señor? Si no lo corregimos, entonces nosotros somos los que tenemos un grave problema.

¿Como confrontar?

A. Con un carácter de firmeza. Si algo esta mal hoy, estará mal mañana también. (1 Ti 5:19) Cuando tengamos la oportunidad de confrontar es importante hacerlo con amor, pero también hacerlo con firmeza.

B. Con un carácter piadoso. (1 Ti 5:22). Nos va a ayudar del no hacer la confrontación con un espíritu de crítica, sino buscándo la edificación,

Confrontamos porque se puede restaurar. Restaurar significa «poner en función algo que estaba descompuesto» o «pegar un hueso que se había roto». Quizás a la persona le dolerá pero un doctor buscara arreglar el problema de una persona con muy pie quebrado.

La restauración se da…

A. Cuando hay una confesión del pecado (2 Sam 12:12-13).
David analiza su pecado y lo reconoce. La confesión lleva consigo una actitud de quebrantamiento, arrepentimiento y vergüenza. Esto es lo que se quiere lograr. Hay dos maneras de confrontar. Una es juzgar, o ir y examinar el área para aplicar una solución. Cuando una persona ve su falta y la confiesa, estaremos logrando el propósito de la confrontación. Saúl, a diferencia de David, intentó ocultar su pecado.

B. Cuando hay un arrepentimiento (Sal 51). Un corazón que realmente desea hacer bien las cosas.

C. A través de la restitución del daño. La restitución es reponer el daño causado. La disposición natural de un corazón arrepentido. Es fácil pedir perdón pero no restituir, si no hacemos esto, es evidencia de que no hay verdadero arrepentimiento.

Que el Señor nos de la disposición y la integridad para confrontar bíblicamente.


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