La unidad en el Espíritu

2 de Noviembre del 2014 | Ef 4:1-6; 1 Cor 1:10-12 | Iván Bernal

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Crecimiento: Aumentar hacia alguna dimensión, por ejemplo, estatura, tamaño, valor, etc. Unidad: Propiedad de todo ser, en virtud de la cual no puede dividirse sin que su esencia se destruye o se altere.La unidad de la iglesia no es una meta, sino un resultado naturalmente adquirido al ir en pos del supremo propósito. La Unidad en el Espíritu es el resultado de:

I. Cultivar el Conocimiento de Dios (Eph 1:15-17)

A. Conocimiento Progresivo (Eph 4:13-14; Heb 5:12-14). Esto nos habla de un conocimiento que va en aumento. Siempre aprendemos de Dios porque él es infinito. En Hebreos encontramos un contraste de aquellos que se habían encerrado en aprender lo mismo continuamente. Es como aquellas iglesias que se enfocan en la salvación como el propósito único y final de Dios, y que sin embargo descuidan el discipulado y crecimiento de los nuevos creyentes.

La repetición y la tradición no provee aprendizaje. El entendimiento profundo sucede cuando profundizamos e el carácter de Dios. Debemos hacer un análisis interno para saber si nuestro conocimiento crece, o sea a mantenido en el mismo nivel, o incluso si decrece. Cuando permitimos que filosofías entre en nuestra mente, vamos a estancados espiritualmente. Pero cuando aplicamos nuestra mente al conocimiento de Dios vamos a crecer.

B. Conocimiento Profundo (Eph 1:18-19; 3:17-18). Esta profundidad de conocimiento debe ser una meta que cada creyente desee. Muchos creen en la existencia de Dios, pero cuando hablamos de un conocimiento profundo es el alcance del poder de Dios. Una persona con el Espíritu Santo tiene un conocimiento superior.

A veces pensamos que la profundidad tiene que ver con cosas secretas o profética. No tiene que ver con esto sino con el alcance y poder de Dios.

C. Conocimiento Practico (Eph 3:19; Phil 2:5-8). No necesitamos mucho para entender el amor de Cristo. Tiene que ver con un conocimiento práctico. Al ver su vida perseverante y obediente que llevó a Jesús a la cruz.

Debe haber una consecuencia natural de conocer a Dios. Una vez que hemos aprendido quién es Dios, esto debe tener un efecto en nuestra vida diaria. La carta a los Romanos es un ejemplo que nos habla 11 capítulos sobre teología, y los últimos capítulos se enfoca al aspecto práctico. No hay nada más práctico que predicar con el ejemplo. La vida de Cristo refleja el carácter y el deseo de Dios.

Si decimos conocer a Dios verdaderamente esto debe reflejarse en nuestra vida diaria. La iglesia de Corinto que decía conocer a Dios y tener todos los dones, sin embargo estaban permitiendo pecados en su vida. (1 Corintios 3:1-4) La evidencia clara de crecimiento es la unidad de la iglesia.

II. Comprender el significado de Humildad (Eph 4:2; Ro 12:3)

A. Considerando Plenamente quién es Dios (Eph 1:17-18; 1 Cor 5:2). Para que la humildad se pueda dar necesitamos conocer quién es Dios. La vida terrenal tiene etiquetas y clasificaciones, pero para Dios eso no existe. Cuando Dios ve al hombre lo ve con pecador.

El hombre es considerado como nada delante de la presencia de Dios. Cuando vamos con Dios, Él es objetivo y verdadero. Cuando me veo como soy y veo la santidad de Dios podemos exclamar como Pedro: «Apártate de mi que soy pecador». La misma experiencia fue la del profeta Isaías quien cayó como muerto delante de la presencia de Dios. Cuando veas a Dios se nos quita el orgullo.

B. Considerando Plenamente quién soy yo (1 Cor 1:26-29; 3:5-7). Dios usa a personas viles y sencillas. También usa a los reyes, pero cuando es así lo primero que hace es humillarlo. A veces la prosperidad llega a ser un estorbo para la humildad. Si el Señor nos bendice materialmente

Cuando la iglesia en Corinto se dividía por seguir a Pablo, Apolos o Cefas, él los vuelve al punto de ver quién es Dios.

C. Considerando plenamente quién es mi prójimo (Eph 4:1-2; Phil 2:1-4). Nuestro prójimo es semejante a nosotros. Viviendo dos pecadores juntos tienen que soportarse. Pablo dice que tenemos que soportarnos. Nos dice que la unidad no será nada fácil, mi pecado va a chocar con el pecado de mi próximo pero debo aprender a soportarnos con paciencia.

Cuando nos encontramos con un prójimo que lucha con el orgullo, ese hermano se vuelve en el objeto de nuestra compasión. Recordamos la severidad con la que Dios trata el pecado y rogamos por la compasión de nuestro prójimo. Muchas veces de manera bien intencionada alagámos a un hermano, pero no consideramos que eso lleva al envanecimiento.

Así mismo debemos aprender a dar oportunidad a otros. En cuanto a honra, prefiriéndonos los unos a los otros.

III. Compartir el Amor a los hermanos (Eph 4:2; 1 Jn 4:7-8)

A. Compadeciéndose Primero por su condición espiritual (Mat 9:36; Ro 5:8). Jesús tuvo compasión de las multitudes. Cuando Pablo le habla a Timoteo sobre cómo debe ser el trato en la iglesia, él habla de un hábito de familiaridad. Sucede cuando peleamos con nuestros hermanos en la carne cuando somos niños, esas discusiones no afectan en el tiempo cuando ya hemos madurado. Esta debería ser la misma actitud hacia nuestros hermanos en la fe.

B. Compadeciéndose Posteriormente por su condición humana (1 Jn 3:17-18). El amor se Dios se muestra con la persona persona más inmediata que tenemos. Debemos comparecernos primeramente por la necesidad espiritual pero no descuidar el comparecernos por las condiciones humanas.

C. Compadeciéndose Perfectamente por su condición eterna (1 Jn 3:16). Tenemos que ver por las personas que no tienen a Cristo pero también de los hermanos en la fe. Debemos cuidar del carácter de los hermanos en Cristo.

El amor de Cristo le llevó a dar la vida, y nosotros debemos también hacer lo mismo por otros. Dar la vida es dar nuestras fuerzas, tiempo, corazón, recursos, etc. Siempre viendo por el bien de otros.

Conclusión:

La Unidad de la iglesia es un resultado natural que se experimenta cuando la iglesia ha madurado en su concepto acerca de Dios, sus planes para el Cuerpo de Cristo, y por ende, realiza el rol que le corresponde en el mundo. Conocer a Dios, humillarse y amar a todo pecador de la misma manera con que Cristo amó a la iglesia “Dando aún la vida misma…”


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