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Oración colectiva

Oración colectiva

Cierre de fronteras, protocolos de higiene, toques de queda, y la campaña “Quédate en casa” son algunas medidas sanitarias, correctas y oportunas, que presidentes, dirigentes y especialistas del sector salud de los diferentes países promueven diariamente para librar esta difícil batalla, de la pandemia que sigue azotando al mundo, y que no hace distinción de raza, edad, estatus económico, ni ubicación geográfica.

Pero en medio de esta dura realidad, ha llamado mi atención saber que varios presidentes de diversos países han exhortado a sus respectivas naciones a buscar a Dios en oración. Algunos han establecido días específicos para orar desde casa, otros han orando públicamente en televisión abierta e incluso algunos han citado Las Escrituras.

Creo en otro tiempo esto no se había dado, no había sucedido de esta manera. Hoy muchos reconocen que necesitamos a Dios, que solamente Él puede intervenir de manera poderosa en medio de esta crisis. Y por supuesto se ha reconocido que la oración es el canal necesario para buscar a Dios.

1. La oración colectiva como una necesidad

Mateo 18:19; Hechos 2:42. La oración era una práctica cotidiana y natural en los inicios de la iglesia. Y así como un recién nacido respira espontáneamente al salir del vientre de mamá, de la misma manera un nacido de nuevo en el evangelio de manera espontánea desarrolla esta práctica porque es una necesidad natural.

La iglesia también se reunió a orar en momentos clave. Oraron cuando iban a elegir servidores, cuando estaban en persecución, cuando apresaron a sus apóstoles y en otras necesidades más. Pero el tema que queremos enfatizar es el de la oración colectiva, cuando la iglesia establece reuniones para congregarse a orar. Y aunque no es posible en estos momentos, la fuerza de la oración no reside en que estemos física y geográficamente juntos, pero si en estar en el mismo sentir y bajo el mismo entendimiento en oración, aunque eso tenga que ser a cierta distancia.

Este pasaje habla de la práctica de la oración como iglesia. Es una actividad y disciplina, pero también es una práctica de convicción y deseo. 1 Timoteo 2:1 Pablo «exhorta ante todo», él demanda que se hagan estas rogativas, poniendo en realce la oración.

2. La oración colectiva tiene una esencia

Encontramos cuatro palabras que nos hablan de la esencia de la oración corporativa:

“Rogativas” es un corazón necesitado que conoce de dónde viene el sustento y la provisión para su vida. Las rogativas es la práctica de una iglesia que depende de Dios, plenamente consciente que cada recurso que recibe es una provisión de Dios, consciente de peligros y amenazas de los cuales Dios libra a su pueblo de manera cariñosa y perfecta. Una iglesia arrogante no ora, pero una iglesia humilde es una iglesia que depende de Dios en oración.

La segunda palabra es la de “oraciones”, enfatiza una reverencia y adoración. Si los inconversos son reverentes, cuánto más nosotros. La siguiente palabra son peticiones, se refiere a interceder por otros ante el trono de la gracia. Y finalmente vemos la palabra «acciones de gracias», esta es la respuesta una vez que hemos quitado nuestra carga.

Los falsos maestros eran principalmente judíos y gnósticos. El apóstol Pablo instruye a Timoteo no solo en la importancia de la oración sino también en el alcance, ya que no debía cerrarse en el elitismo de los judaizantes y gnósticos, sino que se debe orar por toda persona. Estas rogativas, peticiones y acciones de gracias deben ser hechas por todos los hombres. La voluntad de Dios es que oremos por la salvación de todos los hombres.

3. La oración colectiva tiene una extensión

Timoteo debía evitar esta actitud elitista o separatista orando sólo por un grupo selecto de personas. Debemos orar por nuestro presidente, gobernadores y todas las personas que ocupan un cargo preponderante en nuestro país. Por supuesto no podemos orar por todos específicamente, pero esta palabra se refiere a orar de manera general.

Algunos ejemplos de intercesión por personas impías que encontramos en la Biblia se están en Números 14, 1 Samuel 12, Romanos 10:1-2. Orar por inconversos es un hábito que la iglesia debe tener. Pero ¿Por qué debemos orar por todos los hombres? El versículo 2 nos responde diciendo que es para vivir «quieta y reposadamente». La estabilidad de una nación depende de la oración colectiva. Esta oración es poderosa y necesaria, tiene que ver con evangelización y la expansión del evangelio a todas las personas.

Otra razón por la que debemos orar es porque esto es bueno y agrada al Señor. Dios se complace en salvar, por eso orar por la salvación es algo que le agrada. El exclusivismo es carnal y caracteriza a grupos religiosos que han intentado creer que son una raza superior, pero nosotros debemos orar por todos.

Otra razón para orar es porque la única manera en que una persona se puede salvar es por la persona de Jesucristo. Y una última razón es que esta oración es que está en concordancia con el evangelio que predicamos (1 Ti 2:6-7) . El Señor hará la obra en el corazón de las personas, nuestra responsabilidad es orar.

4. La oración colectiva tiene una forma correcta

1 Timoteo 2:8 no está hablando de una postura sino de una actitud. El creyente debe orar con reverencia delante de Dios, es decir, sin ira ni contienda. En la Biblia, personas oraron de rodillas, acostados en el suelo, con manos levantadas, etc, pero el principio es que fueron oraciones reverentes. Este versículo nos dice que cuando hay hombres presentes, deben ser los hombres quienes deben orar. En la oración colectiva de la iglesia es importante la intervención de los varones.

Entre muchas cosas que se hacen en la iglesia, la oración debe tener una prioridad. Aunque ahora no podemos reunirnos, la fuerza de la oración en la iglesia no radica en que estemos unidos presencialmente sino estar en un mismo propósito.

Es oportuno este tiempo para interceder por asuntos que están azotando a nuestro país, no podemos estar relajados. Es bueno orar individualmente en casa, pero es necesario que en la iglesia estemos unidos para orar.

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